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domingo, 11 de enero de 2026

Sobre el final y la finitud de la vida


 Este libro del escritor Frode Grytten quizá no sea un éxito de ventas. Porque cuando se trata de la vida de la gente humilde, sin una historia con mayúsculas, gente a la que se denomina “anodina”, “insignificante” sin tener en cuenta que es quien mejor representa, en términos semánticos, sintácticos y pragmáticos, a la gente común. 

El día que Nils Vik murió. Frode Grytten. anagrama 2025. Traducción de Mariana Windingland.

Éste es un relato de celebración de la vida vivida, de aceptación de su finitud, de entendimiento, empatía, vínculos y afectos con gentes, animales, paisajes, incluso oficios llamados a desaparecer... Todo lo que vive acaba en algún momento.

La gran Marguerithe Yourcenar finalziaba su Memorias de Adriano (1989) con estas palabras: Mínima alma mía, tierna y flotante, (...) Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver…Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…”. 

Y Frode Grytten comienza así esta novela “A las cinco de la mañana, Nils Vik abrió los ojos y el último día de su vida comenzó”. Con la consciencia de vivir su último día por propia elección, con la voluntad de entrar en la muerte con los ojos abiertos, este nonagenario que ya acusa mala salud sin remedio se va despidiendo de enseres, paisajes, de vidas que marcaron su propia vida, la mayoría desaparecidas (su mujer, Marta, su perra Luna…, tanta gente anónima que llevó en su barco hacia el fiordo en tantos años…).  

Nils Viks emprende su último viaje hacia el fiordo en el viejo trasbordador, que también se despide de la vida activa, “al timón, escuchando el pasado”. Porque entrar en la muerte es un proceso, sea muerte social, muerte elegida o muerte biológica. Un viaje sin retorno entre la realidad, la evocación y la memoria como trasunto de la lluvia de noviembre, la niebla, la luz que se ilumina u oscurece. Con la conciencia de que se forma parte del transcurrir de la naturaleza (la lluvia, los ríos, las montañas, los fiordos). Con conciencia de la finitud de la vida.

Las vidas humildes importan. Las vidas humildes cuentan. A veces más que las heroicas.

 

viernes, 13 de agosto de 2021

Leyendo sobre la transformada (y transformadora) clase trabajadora

 


En un libro reciente que recopila escritos de Paco Fernández Buey (Sobre Simone Weil. El compromiso con los desdichados, ed. de Salvador López Arnal y Jordi Mir García, El Viejo Topo, 2020) refería este filósofo marxista cómo para la filósofa Simone Weil, al igual que para Gramsci, la instrucción es un deber de las organizaciones sindicales. Disputar a explotadores y opresores el poder de manejar el lenguaje (es decir, el relato) es parte sustancial de la lucha obrera, un elemento central en la liberación de la clase obrera.  

Es muy frecuente leer en las redes sociales las palabras de Antonio Gramsci, tan repetidas y tan vigentes, a pesar de sus más de 100 años: ‎"Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo; organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza" (L'Ordine Nuovo, año I, nº 1,1° de mayo de 1919).

Reflexión, emoción, unión. Educación, compasión, acción. La tarea sigue siendo instruirse/ instruir, fomentar y practicar un pensamiento crítico desde la emoción y la razón, dialogar y debatir, y, siempre, organizarse para combatir las desigualdades. 

Leer es recurrir a la capacidad de diálogo interior, sostiene Siri Hustvedt. Por eso, no sobra precisamente leer sobre la clase trabajadora, sobre la articulación de la clase trabajadora en el sindicalismo de clase y los desafíos que afronta en pleno siglo XXI. En especial, en estos tiempos de pandemia. Ojalá estas pocas líneas inviten a adentrarse por este camino.

Una lectura que aporta claves en esta dirección es La pandemia del capitalismo, de Joan Coscubiela (Península, 2021). Escribe Coscubiela: "Necesitamos construir una respuesta a la pandemia oculta de un capitalismo hipermercantilizado, propietarista y meritocrático y sus tendencias destructivas. Es urgente ponernos a imaginar cuáles pueden ser los mimbres que conformen un nuevo pacto civilizatorio global”. Si nos encontramos ahora en situaciones y posiciones caracterizadas por la globalización, el desconcierto y el ensimismamiento; si atendemos y exploramos las encrucijadas (a veces, enseñanzas), en las que nos sitúa esta pandemia, en medio de una crisis de la democracia y sus instituciones, quizá debamos empezar a dibujar la utopía de un nuevo pacto civilizatorio. 

Para construir hay que imaginar, determina Joan Coscubiela en este libro. Desmercantilizar, descontaminar, democratizar, cooperar, entender nuestra interdependencia y nuestra ecodependencia, repartir el empleo y compartir los trabajos. Sobre la igualdad social, apunta como claves del conflicto social las demandas interconectadas de clase, feministas, ecologistas. 

“Necesitamos imaginar la utopía de un nuevo pacto civilizatorio, pero mientras tanto, ¿Qué hacemos? sabemos de la importancia del "mientras tanto", especialmente quienes nos educamos en la cultura reformista del sindicalismo, que necesita de las modestas utopías cotidianas”. Las modestas utopías cotidianas, el hilo que conecta a la clase trabajadora con el sindicalismo de clase, siempre, con su potencial transformador.

Ahora, el sindicalismo tiene que saber mirar y ofrecer respuestas a la clase trabajadora del siglo XXI.  "Reconstruir la capacidad de agregar todo aquello que el capital desintegra requiere conjugar el sindicalismo con reivindicaciones portadoras de valores universales como el feminismo y el ecologismo cuyos objetivos civilizatorios hay que saber representar", una visión que ha señalado Coscubiela. Ya anteriormente, en otro trabajo, ha señalado un componente fundamental: "La mutación más significativa en la naturaleza del trabajo viene de la mano de un cambio ideológico de primera magnitud, fruto de la lucha feminista. La ampliación del concepto a los trabajos de cuidado". No sólo a este factor, en un contexto con tantas transiciones en marcha (digital, tecnológica, migratoria, verde...), pero posiblemente el más evidente y esencial en tiempo de pandemia.

Otro libro, El  pueblo, Auge y declive de la clase obrera 1910-2010, libro de Selina Todd (Reverso, 2015), aporta un relato singular y documentado de historias individuales de personas que compartieron experiencias y circunstancias en 100 años de clase obrera británica. Una visión sobre un sujeto revolucionario de hombres y mujeres y sus luchas por mejores condiciones de vida y trabajos, por igualdad, libertad y solidaridad en tiempos de cambio social.  Entiende que la clase es una relación definida por el poder desigual, más que un modo de vida o una cultura que no cambia. No puede haber una clase obrera ideal o tradicional. En su lugar hay individuos que se ven empujados a reunirse, a organizarse, si quieren mejorar en derechos y en condiciones de vida. Porque, como deja claro esta autora, la clase obrera nunca fue homogénea. Género, genealogía y geografía marcaron las diferencias, las desigualdades y las experiencias de clase.

Otro libro que aporta reflexiones es Sobre la distancia del presente (Daniel Bernabé, Akal, 2020). 

Para su autor, "este libro pretende ser un manual de supervivencia, un códice para entender cómo hemos llegado hasta aquí y por qué somos como somos. Y para eso tenemos que indagar en nuestro pasado más reciente, ese momento donde todo pudo cambiar". Memorable y personalísima crónica de los últimos 10 años de actualidad política en España, sabe dar protagonismo a la lucha de la clase trabajadora que se protagonizan articuladas desde el sindicalismo de clase. Recuerda cómo los PGE y la reforma laboral fueron contestados por la 1° huelga general del año, el 29 marzo 2012, cómo el 22 de mayo, la comunidad educativa al completo convocó una huelga general contra el decreto austericida de abril. En  junio, la memorable marcha minera. El 14 noviembre, la primera huelga general europea, eso sólo en 2012. Frente a la desmemoria, memoria política y sindical, y pensamiento crítico.

Ya en La trampa de la diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora (Akal, 2018 ),

libro polémico, este analista señalaba  cómo, a su entender, el neoliberalismo ha fragmentado la conciencia de la clase trabajadora, con procesos culturales potenciados desde élites económicas que llevan al límite lo identitario, esto es, al individualismo, para disolver la acción colectiva transformadora. Escribía: "No es cierto... que el socialismo no prestara atención a algo que no fuera la clase trabajadora blanca y masculina... En los tipos de Estado socialista la cuestión feminista fue ampliamente discutida y transformada en avances materiales y leyes para lograr la igualdad de género". Evidencia la burbuja transgresora potenciada desde el individualismo neoliberal: “El neoliberalismo es experto en ensoñaciones, pantallas, espectáculos... Mientras exige a los ( y las, añado) de abajo una competitividad brutal, vendida cada vez como una forma de autorrealizacion, las grandes empresas compadrean con los reguladores, se reparten mercados y acuerdan bajo mesa". Y apunta una clave, para la reflexión: "La clase trabajadora aunque es la mayoritaria en la sociedad ha desaparecido del mapa de la representación (ficcional, cultural)”. No del todo, podríamos matizar.

Volver al relato emocional, combinando historia, historiografía, pensamiento, indagación científica y relato ficcional, se vuelve tarea reivindicativa para trazar la urdimbre de la resistencia colectiva en base a una conciencia de clase renovada. Precisamente es uno de los ángulos que conforman las historias plurales, los relatos sobre gentes distintas, mujeres y hombres, que tomaron conciencia de la fuerza colectiva como clase trabajadora, cómo afrontaron y actuaron organizadamente ante tremendas dificultades.

Representan ejemplos de compromiso, solidaridad y actuación sindical, de los dos volúmenes de Conciencia de clase, historias de las Comisiones Obreras (Catarata y Fundación 1º de Mayo, 2020 y 2021), y el libro Sindicalistas. Mujeres de las Comisiones Obreras (Catarata y Fundación 1º de Mayo, 2020).

Pero la historia sindical de las mujeres merece, además, de manera específica, un lugar propio en cualquier relato emancipatorio. Una tarea pendiente.

Disponemos de muchos ensayos que abordan, por separado, el intento de disolución de la conciencia de clase, el aumento de las desigualdades sociales, las amenazas de retroceso para las mujeres y la igualdad, los riesgos extremos para el planeta y todos sus habitantes, grandes o pequeños seres vivos. Pero no son tantos los que los presentan interconectados. Y es preciso vincular estas luchas, tender puentes entre los movimientos sociales implicados, articular alianzas desde el respeto recíproco y el apoyo mutuo. Lo que implica, conocer, respetar, defender la función crucial del sindicalismo de clase y su capacidad articulatoria, emancipatoria, transformadora.

Reproduzco, de nuevo, unas palabras de Alicia H. Puleo en su libro Claves ecofeministas (Plaza y Valdés, 2019):

"Necesitamos pactos de ayuda mutua entre movimientos sociales", afirma, "las causas justas han de dialogar y sostenerse mutuamente". Porque, argumenta con acierto, "nos une el deseo de transformar y mejorar el mundo, no cabe enfrentarse entre sí". 

Porque, como señala Begoña San José, en el capítulo que lleva su nombre del libro Sindicalistas. Mujeres de las Comisiones Obreras: “¿No es más importante cambiar la sociedad que competir las organizaciones entre sí?”. 




sábado, 30 de mayo de 2020

Leyendo en el balcón un libro sobre los libros, esa novela coral inacabada

En estos meses nos han envuelto muchas brumas del color de la incertidumbre. Pero algunos rayos de luz se han abierto camino, como la transformación de balcones y ventanas en nuevos ágoras desde los que volcar el aplauso colectivo al personal sanitario, y, por extensión, a quienes nos curan, nos cuidan limpian, suministran, acogen, acompañan..., que son, en definitiva, quienes nos sostienen, muchas veces mujeres en sectores laborales en los que la feminización que presentan se traduce en precariedad, fruto de la conjunción planetaria de capitalismo neoliberal y patriarcado.

Recuerdo, por primera vez, haber participado en un 1º de Mayo virtual, por otro modelo económico y social posible y necesario, y en reconocimiento a las personas trabajadoras que, exponiéndose con generosidad, entrega y profesionalidad, estaban afrontando la respuesta a la COVID-19 desde la primera línea. Y recuerdo también que me sentí muy acompañada!

También he visto florecer comunidad y naturaleza desde balcones y ventanas. Y, en concreto, he visto asilvestrarse mi pequeñísimo balcón como un mini jardín ecofeminista, pleno de vida, sonoro y habitado por tantos seres pequeños en tránsito, en su mayoría alados, un paréntesis de encierro en el que  poder apoyarme un ratito y establecer ese diálogo interno que es la lectura.

Qué mejor manera de empezar que adentrándome en un libro que resume la historia del libro en el mundo antiguo, con un título tan seductor como El infinito en un junco (Irene Vallejo, Siruela).

La lectura supone también, a su manera, adentrarse en una espesa niebla. sortear bifurcaciones de senderos, caminar adelante y atrás, descubrir nuevos paisajes, miradas diferentes, cuando quizá tu vista se pose en el minúsculo detalle o el panorama que abarca tu mirada sea distinto de la ruta que pretende cada autora o autor....

Lo que más me ha maravillado es quizá minoritario dentro del bagaje que aportan autora y libro. La agitada respiración que se desprende del impulso irrefrenable de escribir. Me apropio de una cita, que la autora refiere, de Marguerite Duras: escribir es intentar descubrir lo que escribiríamos si escribiésemos...

Y el recorrido cultural sobre los libros, la lectura, el canon... plagado de intertextualidades (cine, libros actuales, poetas, escenarios culturales, las grandes bibliotecas...) que hacen amena su lectura y amplían horizonte, sin duda, aunque... con cierto sesgo androcéntrico no cuestionado. Sin menoscabo de homenajes ("La historia de la literatura empieza de forma inesperada. El primer autor del mundo que firma un texto con su propio nombre es una mujer. Mil quinientos años antes que Homero, Enheduanna, poeta y sacerdotisa, escribió un conjunto de himnos...").

Este libro nos recuerda el poder del libro como depositario de cultura, de experiencias, de lenguas, de cosmovisiones... y como depositario del poder. Los libros como "extensiones de la memoria, los únicos testigos -imperfectos, ambiguos, pero insustituibles- de los tiempos y los lugares adonde no llega el recuerdo vivo".

La propia autora define la tarea emprendida: "Esta es la historia de una novela coral aún por escribir. el relato de una fabulosa aventura colectiva, la pasión callada de tantos seres humanos unidos por una misteriosa lealtad...". La pasión de contar, de escribir, de leer, de conservar, cuidar, preservar los libros, de explicar, criticar, entender, profundizar, cuestionar lo que contienen... "Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia. Los olvidados, las anónimas.Personas que lucharon por nosotros, por los rostros nebulosos del futuro". Para grabar en un pequeño material el infinito que mostraron, soñaron, imaginaron. Aunque luego la vara de medir socialmente su valor cultural (el canon, el junco), potestad de las élites, les devolviera a la oscuridad, a la sombra, al olvido.

Lectoras, lectores. Y sus circunstancias. Antes leía, sobre todo, en el tren. Antes, me refiero, claro está, a hace apenas tres meses, a antes de la COVID-19. Algunas veces incluso compartía breves comentarios o liberaba frases de los libros que iba leyendo en ese supuesto diálogo impredecible que es el territorio twitter, con una etiqueta explícita (#LeyendoEnElTren), para que emprendiesen un vuelo libre de fronteras y disciplinas.

El viaje en tren permite un paréntesis de tiempo propio. Recuerdo haber hecho un breve balance unos días antes de fin de año el pasado diciembre: “Acabando el año, 2 horas de trayecto cada día, casi 500 horas en el tren. Viendo pasar paisajes, estaciones, gentes, nubes, pájaros. Viéndolos cambiar en cada ciclo estacional. Mirando, pensando, dialogando, tuiteando, combatiendo, durmiendo, tal vez soñando. Y leyendo". Y recuerdo haber concentrado en una sola imagen las cientos de horas dedicadas al diálogo infinitivo, al viaje inacabado a otros mundos, otras voces, otras miradas, el viaje del que nunca se regresa inalterada porque el conocimiento es irreversible y nos cambia, nos moldea, modifica nuestra subjetividad, amplía el horizonte de lo vivible, de lo nombrable.

Las lecturas del 2019 me han dejado una huella inquebrantable y han contribuido, de forma decisiva, a este proyecto inacabado de querer ser mejor persona. 

Fue, desde luego, el año de Claves ecofeministas de Alicia Puleo (Plaza y Valdés), que me acompañó durante largo tiempo y al que vuelvo, junto con el fundamental Ecofeminismo para otro mundo posible, cada cierto tiempo. Porque los libros tienen muchas lecturas, no se agotan en un solo trayecto. “Si leo con espíritu crítico preguntaré, dudaré, inquiriré. Leer es una forma creativa de escuchar”, escribe sobre la lectura Siri Hustvedt (Vivir, pensar, mirar, 2012). 

Y la lectura de Claves feministas (para rebeldes que aman la tierra y a los animales) me ha aportado claves fundamentales, desde la belleza ética de la rebeldía,  para la indagación individual y colectiva: "La crítica al prejuicio y los principios de igualdad y libertad están en el corazón mismo de la Ilustración; el ecofeminismo ilustrado actualiza este legado y amplía sus horizontes". Olvidar esta herencia nos debilita frente a la dominación y la explotación. "El modelo de desarrollo vigente, basado en una razón meramente instrumental, de corto alcance, acarrea la destrucción del ecosistema global". "Hoy, la justicia social implica también ecojusticia". "La educación ambiental predominante sigue sin facilitar una conciencia crítica de los roles de género y sin visibilizar a las mujeres como víctimas de la crisis ecológica y como protagonistas del cambio hacia una cultura de la sostenibilidad", y dejo de citar frases porque, como ocurre con el arte, en este caso todo el libro es de obligada lectura, disfrute y reflexión, y su completo abordaje aumenta la invitación al entendimiento de las bases del pensamiento y la praxis del ecofeminismo crítico desde cada uno de sus pilares.

Muchas obras impactantes. Empujando al patriarcado, de Cynthia Enloe (Feminismos, Cátedra), un ensayo sobre tácticas patriarcales para modernizarse y mantener su hegemonía y sobre las resistencias feministas para desenmascararlo, con estrategias de lucha: "Cualquier concepto feminista debería dejar transparente lo que son las operaciones más atractivas del patriarcado actualizado. Y el patriarcado hecho transparente es un patriarcado hecho vulnerable", dice. Y continúa: "Prestar atención feminista, hacer preguntas feministas, realizar investigaciones feministas, crear conceptos que revelen la condición de género, crear alianzas amplias... actuar con esmero: el patriarcado no tiene la menor oportunidad". 

Crear alianzas feministas amplias…

Fue también el año de Ecoanimal de Marta Tafalla (Plaza y Valdés). Ensayo de lectura sobre la relación con la Naturaleza con conocimiento, ética y, sobre todo, una estética profunda y crítica que orienta a apreciar, pensar, sentir y actuar rompiendo la burbuja antropocéntrica. Es una invitación inagotable a la reflexión filosófica sobre los sentidos, y Marta Tafalla formula una estética plurisensorial de la naturaleza en la apreciación de entornos naturales, animales. La filosofía, dice, aporta sobre todo ética y política, pero necesitamos desarrollar una estética: “Cuando hoy pretendemos apreciar la belleza natural tropezamos al instante con el calentamiento global, el exterminio de especies, la explotación de animales, la destrucción de ecosistemas y la contaminación, que configuran el problema más grave de la humanidad”. Otro de los libros del 2019 que va más allá de su tiempo.

Y fue el año del descubrimiento de la narrativa de Olga Tokarczuk, con su maravillosa Sobre los huesos de los muertos, ficción con amplitud de naturaleza, entorno rural, multiplicidad y defensa animal, mujeres sabias e indómitas, denuncia sobre la destrucción global desde lo pequeño y lo local…
Pero, ciertamente, esta autora y su creación merecen más tiempo y espacio, un intento más profundo de inmersión en los múltiples senderos de lectura que ofrece.

La preocupación social no quedó desatendida en la lectura. Es una dimensión siempre presente. Pero eso, también, queda para otra ocasión.

Antes leía, sobre todo, en el tren. Ahora, en este periodo de excepcionalidad en el que se redescubren los balcones y ventanas como espacios de tránsito de la naturaleza y la vida, incluida la cultura, me empiezo a asentar, leyendo en el balcón (#LeyendoEnElBalcón)


Sobre límites e interrogantes: los libros en la obra escultórica de Alicia Martín

  Discernir sobre la utilidad del arte, si es que ha de tener alguna más allá de invitar a su contemplación y, a su través, abrir los sentid...