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jueves, 30 de julio de 2026

Sobre límites e interrogantes: los libros en la obra escultórica de Alicia Martín

 Discernir sobre la utilidad del arte, si es que ha de tener alguna más allá de invitar a su contemplación y, a su través, abrir los sentidos, ampliar el ángulo de la mirada y la comprensión o plantear interrogantes a la medida de la sociedad y las individualidades de cada época, es un tema recurrente que ha atravesado siglos de reflexión, de respuestas diferentes según el ángulo ideológico en que se examine (estatus, propaganda, enseñanza, espejo, terapia, socialización…), y de experimentación meta-artística a través de la creación y la práctica artística.

 Estas líneas, desde luego, no aspiran a resolver un debate tan arraigado como irresoluto sino propiciar una mirada sobre la obra de una escultora y artista que ha hecho de trabajar con los libros como objeto material una marca personal de resignificación artística. A manera de ejemplo, recupero este escrito en el que reflexionaba sobre su obra Dislexia, que puede visitarse en el Museo del Patio Herreriano de Valladolid. 


UNA MIRADA DE GÉNERO sobre Dislexia, de Alicia Martín

Si una tarde de otoño una visitante que recorre las salas del Patio Herreriano se encuentra con la escultura Dislexia, de Alicia Martín, puede que su primera impresión sea la de compartir esa fascinación por los libros que se desprende de la obra, sintiendo próxima esa experiencia de admitir el espacio vital concedido a la lectura (en clave metonímica, los libros). Porque las mujeres superan a los hombres en indicadores de lectura de libros (61,2% M, 56% H), diferencial que sube hasta diez puntos cuando se trata de leer libros no relacionados con los estudios o la profesión (57,2% M, 47,2% H) [1].

La autora ha tendido un sendero interpretativo con la elección del título, Dislexia, remitiendo a algún desorden de lectura y escritura o algún factor obstructivo en relación con los libros. Relación que explora de manera insistente en otras obras y montajes escultóricos (Cascadas de libros, Biografías… y la más reciente, Antónimos), que resultan perturbadoras a pesar de su aparente sobriedad narrativa porque con su dinamismo agitan cualquier inclinación conformista, suscitando impresiones o reflexiones sobre los márgenes establecidos a esa relación con los libros, esto es, con la cultura hegemónica.

Pudiera ser que la visitante, por tanto, observe la escultura de Alicia Martín con una mirada crítica de género (con las conocidas “gafas de género”) y que la contemplación de ese torrente alborotado de libros que se desparraman como un magma primigenio ocupando espacios domésticos o públicos le mueva a interrogarse sobre la posición histórica de las mujeres y su relación con la cultura. 


Puede ser que tenga en cuenta el desigual punto de partida de mujeres y hombres, la historia de exclusiones y subordinación de las mujeres cuyas consecuencias, aunque aminoradas, todavía perduran y se hacen visibles mediante una realidad perceptible y cuantificable: la segregación y el déficit en la participación normalizada y paritaria en todas las facetas vinculadas al ámbito artístico y cultural: creación, producción, financiación, difusión y reconocimiento.

Porque las investigaciones de género han demostrado que las mujeres no han tenido, hasta épocas recientes, ni los recursos económicos, ni la educación ni la credibilidad ni la autoridad ni la libertad necesarias para la creación artística, singularmente para la escritura. Hoy parecen superados esos obstáculos en el acceso a la educación: En España en el año 2009, el número de mujeres graduadas en educación superior fue un 40% superior al número de hombres graduados (140,1 M por cada 100 H)[2].

Claro que el paso a la profesión es otra cosa. Sabemos, por las investigaciones de la escritora y ensayista Laura Freixas[3] que sólo el 20% de obras publicadas en España son de autoría femenina. Porcentajes minoritarios de las mujeres que se mantienen en otras facetas artísticas; sólo una de cada diez (10%) de las personas que dirigen películas de cine en España son mujeres[4], o el dato significativo de que las mujeres artistas apenas han protagonizado el 9,4% de las exposiciones individuales en las galerías españolas en los últimos diez años (2000-09)[5]


Y más difícil aún, la notoria ausencia en los ámbitos de reconocimiento institucionalizado, a pesar de campañas mediáticas que sobredimensionan el protagonismo femenino y contribuyen a instalar en la sociedad una falsa impresión de igualdad: en 2010, la presencia de mujeres como académicas de número en las Reales Academias Españolas ha sido, de media, del 6,08 %. Algunos ejemplos: constituyeron el  2,56% en la de CC. Políticas y Morales; el 2,08% en la de Medicina; el 6,67% en la de Ingeniería; el 8,11% de la de Historia y el 9,30% en la Real Academia Española[6].

A la visitante del Patio Herreriano le inquieta y asombra la obra de Alicia Martín, le clarifica algunas incógnitas sobre si misma que acaso desconocía. Por la amalgama de libros que fluyen en permanente discurso polifónico, instándola a una toma de posición sobre su relación personal con la lectura, con el conocimiento y con la cultura y sabiendo que no pueden obviarse los factores de género. Puede identificarse con esa aspiración a conocer, a entrar, a participar, a materializar su visión de la vida, a conformar sus propios significados, a determinar la importancia que han tenido esos contenedores de cultura en la modificación de su subjetividad. A cuestionar lo establecido en el proceso de hacerse a si misma.

* Publicado en: VVAA (2011), Figuras de la Exclusión. Catálogo de publicaciones del Museo Nacional de Escultura, Valladolid. Sobre la Exposición Figuras de la Exclusión, Del 9 de noviembre de 2011 al 22 de enero de 2012. 


El programa Metrópolis de RTVE dedicó un programa a Alicia Martín y su obra con libros:

https://www.rtve.es/play/videos/metropolis/metropolis-alicia-martin/4792692/

 



[1] Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España 2010-2011, Ministerio de Cultura, 30 septiembre 2011.

[2] Mujeres y Hombres en España 2011. INE.

[3] Freixas, Laura (2000), Literatura y Mujeres (Escritoras, público y crítica en la España actual), Madrid: Destino; Freixas, Laura (2009), La novela femenil y sus lectrices (La desvalorización de las mujeres y lo femenino en la crítica literaria española actual), Córdoba, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba.

[4] “El cine español, a cruzar fronteras”. EL PAÍS. 16.12.2010.

[5]El techo de cristal en el mundo del arte”, EL PAÍS.20.02.2011.

[6] Instituto de la Mujer. Mujeres en cifras.

sábado, 7 de febrero de 2026

Devolver a la vida a la madre muerta

La muerte de la madre es, en ocasiones, el detonante para la recuperación del vínculo, para la reconciliación, para retomar un orden maternal anteriormente subordinado al orden paterno en la jerarquía afectiva de la hija. Annie Ernaux rememora a su madre y a su padre, en sendos relatos biográficos/autobiográficos (Una mujer, El lugar) que surgen como necesidad personal para afrontar el duelo a raíz de sus muertes.  

En concreto, el vínculo madre-hija es primordial en Una mujer. El relato nace, en pleno duelo de la hija, como una forma de recuperación de su madre para cultura, para la memoria, para la historia, de la que carece en su condición de “mujer corriente” (“Para mí, mi madre no tiene historia. Siempre estuvo aquí”); como una forma de devolverle, en otra suerte de “maternidad”, esta vez desde la creación cultural, a una vida intemporal, como un intento de recobrar el vínculo, y también como terapia para afrontar la pérdida, como un “texto combativo de duelo”.

 La creación de la naturaleza ha dado paso a la creación de la cultura. La unión con la madre ha sido determinante en vida, y Ernaux no está preparada para disolverla: “Voy a continuar escribiendo sobre mi madre. Es la única mujer que ha contado realmente para mí (...) Tal vez sería mejor esperar a que su enfermedad y su muerte se fundiesen en el transcurso pasado de mi vida (...) Pero en este momento no soy capaz de hacer otra cosa”).

 A lo largo del relato se va a individualizar el personaje materno, siempre sobre el paisaje social en que se desenvuelve su vida, atendiendo a los condicionantes de la época (pobreza, dificultades económicas, condición de trabajadora fabril, decencia, matrimonio, negocio pulcro, guerra...). La madre es el primer modelo a seguir por la hija-niña, el apego a la figura materna se hace evidente (“Nada de su cuerpo se me escapaba. Yo creía que, al crecer, sería ella”), aunque según la niña va creciendo, va percibiendo a la madre desde otras perspectivas (“Mi madre tenía dos caras, una para la clientela, otra para nosotros”).

 En esta época las une el gran deseo de su madre de acceder a la cultura, de saber, de aprender: “Educarse, para ella, era ante todo aprender (decía: “Hay que amueblar la mente”) y nada le parecía tan bello como el saber. Los libros eran los únicos objetos que manipulaba con precaución. Se lavaba las manos antes de tocarlos”).

 En este tiempo se comienzan a invertir los papeles y la madre nutricia, la que “se esforzaba en alimentar a todo el mundo”, se nutre a su vez de los conocimientos que la hija adquiere en la escuela y que le transmite. El afán de cultura afianza el vínculo y promociona la figura materna a los ojos de la hija, frente al padre, campesino y obrero que parece conformista, avergonzado en ocasiones, respecto a su déficit educativo. Les unen las expectativas, comparten la mejora que supone el acceso al conocimiento. 

Desde el apego que proporciona la afinidad, pueden compartir vivencias, comunicarse, y para la niña, la madre es la figura dominante. Con la llegada de la adolescencia, para crecer psicológicamente, se va despegando de la madre: el modelo se desquebraja, la madre real no es la madre ideal que transmiten las revistas femeninas, esa fantástica forma elegante sobre un trasfondo doméstico incólume, esa versión atemporal del “ángel del hogar” victoriano.

 Este desvelamiento perdurará en los años sucesivos: a la madre real, “demasiado tosca”, pueblerina y ruda, le falta refinamiento, saber estar, “mundología”. Pero reconoce su permanente apoyo para que ella pueda tener una educación superior y mejorar de estatus. A la muerte del padre, llevará en dos ocasiones a su madre a convivir con ella y su familia. Finalmente, debido a su Alzheimer avanzado, debe internarla en un asilo. A medida que avanza la regresión de la madre, la hija va sustituyéndola, cuidándola, alimentándola, quiere mantenerla con vida. 

Una vez muerta, encuentra la manera de devolverle a la vida: escribiendo sobre ella, convirtiéndola en historia: “Necesitaba que mi madre, nacida en un medio dominado, del que quiso  salir, se convirtiese en historia”, salvándola así, del lugar que el imaginario patriarcal otorga a las madres corrientes: el olvido.

 

domingo, 27 de diciembre de 2020

Leyendo historias de las comisiones obreras: Conciencia de clase

Leyendo relatos distintos sobre gentes distintas, mujeres y hombres, que tomaron conciencia de su fuerza colectiva como clase trabajadora, que afrontaron riesgos y que actuaron organizadamente ante dificultades tremendas. Representan ejemplos de compromiso, solidaridad y actuación cívica, democrática, sindical.

Escribe Joaquín Estefanía en el Prólogo: "La conciencia de clase es la capacidad que tienen los ciudadanos -y las ciudadanas, añado- que pertenecen a una clase social de ser conscientes (y de actuar conforme a esa conciencia) de las relaciones sociales antagónicas". Sin olvidar -añado, de nuevo- cómo interseccionan las relaciones de género.

No es el primer libro sobre CCOO o sobre el movimiento obrero durante la dictadura franquista. Podemos recordar, por ejemplo, 
el libro de VVAA, coordinado por David Ruiz, Historia de Comisiones Obreras (1958-1988). 

Más escasos son los que ponen el énfasis en visibilizar el papel de las mujeres en la conflictividad laboral o en la actuación sindical. Aquí cabe hacer referencia al magnífico Del hogar a la huelga. Trabajo, género y movimiento obrero durante el franquismo,
coordinado por José Babiano, a los imprescindibles trabajos de investigadoras de referencia como Gloria Nielfa, Mary Nash, Mayka Muñoz, Pilar Díaz, Nadia Varo, Claudia Cabrero, Vicenta Verdugo, Teresa Torns o Eva Bermúdez, por citar algunas... Un trabajo de recuperación de la memoria y de la genealogía feminista y sindical que debe continuar. “Los estudios desarrollados por la historia de las mujeres y del género han ido recuperando las historias de las trabajadoras omitidas en la memoria histórica, han hecho visibles a las mujeres como partícipes de la vida sindical y de las protestas colectivas como sujetos que han contribuido a la cultura y la política de la clase obrera, llenando, por tanto, este vacío historiográfico”, escribe Vicenta Verdugo Martí en un artículo  de 2012.

Este libro ofrece una visión distinta a la de la historiografía. Son relatos muy diversos, como diversa es la escritura y el angular temporal y narrativo elegido por sus autores y autoras. Y son diversos por sus protagonistas, hombres y mujeres, sus afanes, sus vidas, sus luchas, sectores, territorios... Historias tan distintas y con tanto en común. Sobresalen por el acercamiento desde lo humano, desde el punto de confluencia de la experiencia directa, la vivencia individual o  la retrospección, hasta el encuentro colectivo mediante ese fino eslabón que es la conciencia de clase. Más allá de sus necesidades, los miedos, los riesgos, la represión, o la incertidumbre, prevaleció la conciencia de su fortaleza en tanto luchaban por causas justas. Libertad, dignidad, igualdad. Derechos. Justicia social. 

En los quince relatos y un epílogo que conforman este libro encuentran su voz quienes vivieron la represión sindical en la dictadura, el emerger fundacional de las primeras comisiones obreras, sea en Galicia, o en Marco del Jerez, el pozo minero de La Camocha en Asturias, la huelga de Bandas en Euskadi, la exposición solidaria de artistas en Milán en 1972, el Proceso 1.001, la huelga de Laforsa en Catalunya, la matanza del 3 de marzo del 76 en Vitoria que quiso acabar con una huelga, la huelga del Hospital la Fe de Valencia, las huelgas de las trabajadoras madrileñas del textil, el asesinato por parte de un fascista de Pedro Patiño, albañil de CCOO, durante la huelga de la construcción en septiembre de 1971,  la matanza fascista de los Abogados de Atocha, la huelga del 14D de 1988, y un epílogo con otros momentos difíciles, hechos reales ficcionados como breves piezas dramáticas, que se han producido en esta crisis generada como consecuencia de la pandemia de la Covid-19, que muestran el carácter esencial de determinados trabajos y lo esencial de la actuación  sindical.

Precioso y necesario el relato de Elvira Lindo sobre la costurera, republicana, sindicalista, enorme en estatura moral y en dignidad, Petra Cuevas: "si luchas puedes perder, si no luchas estás perdida". Una frase que sintetiza la tenacidad de la lucha sindical en tiempos difíciles, por eso quizá haya sido elegida como motivo central de la felicitación de CCOO para el año próximo.

No es la única mujer que aparece. "Las mujeres cogieron un protagonismo en aquella huelga como pocas veces. participaban en las asambleas en pie de igualdad con los trabajadores, intervenían y a menudo marcaban el rumbo de las acciones, mientras creaban sus propias redes de solidaridad en los barrios", escribe Isaac Rosa en su capítulo sobre la Huelga de Bandas.

 Amaya Olivas recrea la solidaridad creciente y la genealogía laboral entre las trabajadoras del textil en la fábrica Rok. "La mayoría de las obreras hemos aprendido el trabajo de nuestras madres, tías o abuelas". Y su decepción ante el machismo de sus compañero sindicalista, a la vez que se fortalecen los lazos de las mujeres. "Le hablé de esas mujeres que sostienen la vida de sus compañeros y maridos dentro y fuera de las prisiones franquistas. las mujeres también somos camaradas, le dije". Una fábrica emblemática por el coraje de sus trabajadoras y su conflictividad y movilización laboral, con victorias importantes.

Mayka Muñoz recuerda el valor de las mujeres de los dirigentes encarcelados en el Proceso 1001 y su papel fundamental para externalizar el juicio y lograr apoyo internacional: "Ante esta situación, estas mujeres se crecieron y acudieron a todas las personas e instituciones imaginables para denunciar que sus maridos estaban presos por defender a las y los trabajadores (...) llevaron el debate sobre las libertades políticas a distintos ámbitos". Josefina Samper, Vicenta Camacho, Natalia Calamai, Carmen Ciria, Leonor Mendoza, Luz María Rodríguez, Manuela Antón, Pilar del Campo, Pilar Labiano, Higinia Torre, Pilar Martín, Severiana García Salve. Y sin olvidar a las y los sindicalistas y laboralistas que arriesgaron empleo, libertad y vida por defender las libertades democráticas.

Y, en conjunto, mujeres sindicalistas que están en los relatos como estuvieron en la vida real, empujando el sindicalismo de clase con su fuerza transformadora: trabajadoras del textil, de residencias, cajeras...

Más información sobre el acto de presentación del libro, en la web de CCOO y sobre el libro en la web de la editorial Catarata

Conciencia de clase. Historias de las comisiones obreras

Elvira Lindo, Manuel Rivas, Benjamín Prado, Isaac Rosa, Unai Sordo, Joaquín Estefanía Moreira, Bruno Estrada, Pedro A. Jiménez Manzorro, José Babiano, Susana Alba Monteserín, Ana Fernández Asperilla, Ana Abelaira Huertos, Mayka Muñoz Ruiz, Javier Tébar, Pedro García Ríos, Amaya Olivas Díaz, Miguel Ángel Sánchez Sebastián, Antonio Campos, Rafael Fraguas, Jesús Montero.

ÍNDICE

PRÓLOGO. HISTORIAS DE LAS COMISIONES OBRERAS E HISTORIA DE CC OO, por Joaquín Estefanía

PETRA. Elvira Lindo

EL APRENDIZ. Manuel Rivas

MARÍA LA PERRAQUILLA. Pedro A. Jiménez Manzorro

EL ÚLTIMO HÉROE DE LA CAMOCHA. José Babiano y Ana Fernández Asperilla

O TODOS O NINGUNO: MEMORIA DE LA HUELGA MÁS LARGA DEL FRANQUISMO. Isaac Rosa

PARA MATAR UN MONSTRUO HACEN FALTA MUCHOS VALIENTES. Benjamín Prado

MILÁN, 1972: AMNISTIA. QUE TRATA DE SPAGNA. Susana Alba Monteserín y Ana Abelaira Huertos

EL PROCESO 1001: EL PRINCIPIO DEL FIN DEL RÉGIMEN FRANQUISTA. Mayka Muñoz Ruiz

MONOS AZULES: CLASE Y COMUNIDAD EN LA HUELGA DE LAFORSA. Javier Tébar Hurtado

SANGRE DE MARZO. Miguel Ángel Sánchez Sebastián

PALÍNDROMO. Pedro García Ríos

GLORIA Y LA ROK. Amaya Olivas Díaz

MUERTE DE UN ALBAÑIL. Antonio Campos

ATAQUE AL CORAZÓN DE LA CLASE OBRERA: LA MATANZA DE LOS ABOGADOS DE ATOCHA. Rafael Fraguas

FUNDIDO A NEGRO. Jesús Montero

EPÍLOGO. EL SINDICATO EN TIEMPOS DE PANDEMIA. UNA MISMA LUCHA EN CINCO ENTREMESES. Unai Sordo y Bruno Estrada



jueves, 24 de diciembre de 2020

Invitación a leer "Ser Feministas. Pensamiento y acción"

No podría imaginarse un libro mejor pensado, escrito e ilustrado para conmemorar los 30 años de la colección Feminismos de la editorial Cátedra. Y Alicia H. Puleo lo ha logrado. En noviembre pasado salió publicado el libro Ser Feministas. Pensamiento y acción, de Alicia H. Puleo (editora), en la colección Feminismos, (Cátedra, 2020), que reúne a unas 40 autoras en torno a conceptos, lemas y consignas de las manifestaciones feministas, especialmente de las multitudinarias y globales manifestaciones de los últimos 8 de Marzo. "¡Que el enlace de lemas, citas, nociones y argumentos que aquí presentamos en este aniversario tan especial sea un símbolo y un mensaje de la necesaria unión de teoría y praxis para el camino feminista que nos queda por recorrer!", escribe Alicia H. Puleo en el prólogo.

Un libro dedicado a Celia Amorós, que "con la fuerza de su pensamiento intempestivo, marcó un sólido rumbo ético-político para el feminismo". 

El índice da cuenta de la magnitud del proyecto y de su buen término, tanto en lemas, como en autoras, como con las enormemente simbólicas ilustraciones de la ecoartivista Verónica Perales, que sirven de pórtico a cada capíyulo mientras nos interpelan desde su trazado sencillo.

Se puede acceder a la información del libro, en el espacio web de la colección Feminismos, colección que que dirige Alicia H. Puleo desde 2014, en la web de la editorial Cátedra. Incluye el Prólogo de Alicia H. Puleo, la reflexión "Sobre las imágenes", de Verónica Perales y las dos primeras entradas: "Androcentrismo", por Marta Madruga y Verónica Perales, y "Autonomía", por Concha Roldán. Este dossier también incluye referencias sobre el conjunto de autoras y autores participantes: María Xosé Agra Romero, Teresa Alario Trigueros, Paloma Alcalá, Eva Antón, Xabier Arakistain Fátima Arranz, Isabel Balza, Barbi­japuta, Asunción Bernárdez, Mont­serrat Boix, Esperanza Bosch Fiol , Anna Caballé, Rosa Cobo, Ana de Miguel Álvarez, María Luisa Fe­menías, Victoria A. Ferrer Pérez, Carmen García Colmenares, Dina Garzón, Beatriz Gimeno, Amalia González Suárez, María José Guerra Palmero, Roberta Johnson, Marián López Fdz. Cao, Teresa López Pardina, Teresa Lozano (Towanda Rebels), Marta Madruga Bajo, Zua Méndez (Towanda Rebels), Alicia Miyares, Cristina Molina Petit, Isabel Morant, Soledad Murillo, Asunción Oliva, Eva Palomo, Verónica Perales Blanco, Eulalia Pérez Sedeño, Luisa Posada Kubissa, Alicia H. Puleo, Concha Roldán, Rosalía Romero Pérez, Octavio Salazar Benítez, Iván Sambade Baquerín, Aimé Tapia González, Amelia Valcárcel y Angélica Velasco Sesma.

El pasado 10 de diciembre tuvo lugar en Metalibrería un acto de presentación del libro, que condujo Margarita Pintos, teóloga y librera, y que contó con la participación de Alicia Puleo, Verónica Perales y una buena parte de sus autoras y autores. Fue un acto para celebrar el movimiento y el pensamiento feminista, en el que se recordó a la maestra de maestras feministas Celia Amorós y también a la recientemente desaparecida Asunción Oliva. Un emocionante acto on line que fue seguido por casi 200 personas, lo que es una pequeña muestra del emergente interés de un libro que, sin duda, permite conocer más y asomarse a la profundidad y complejidad del feminismo, sus lemas y conceptualizaciones movilizadoras, un libro llamado a perdurar.

Algunos ejemplos de los capítulos. No están todos reseñados, aun siendo tan interesantes para entender el feminismo actual y sus debates, solo es una muestra para alentar a su lectura:

'No es un caso aislado, es el patriarcado', lema que acompaña al capítulo "Patriarcado" de Alicia H. Puleo

'¡Hermana, no estás sola!', capítulo "Sororidad" de Isabel Balza

'Si eres mujer y puedes votar, agradéceselo a una feminista', capítulo "Sufragistas" de Eva Palomo

'La erótica es tan diferente de la pornografía como el amor lo es de la violación, la dignidad de la humillación, la sociedad de la esclavitud y el placer del dolor',  capítulo "Pornosociedad" de Fátima Arranz

'El feminismo no cuestiona las decisiones individuales de las mujeres, sino las razones que las obligan a tomarlas', capítulo "Mito de la libre elección" de Ana de Miguel

'Las luces solo se curan con más luces' (Madame de Staël), capítulo "Pasión por el saber" de Isabel Morant

'La mitad de todo', capítulo "Paridad" de Amelia Valcárcel

'We can do it!', capítulo "Mujeres científicas: cuando el sexo importa" de Eulalia Pérez Sedeño

'El malestar que no tiene nombre' (Betty Friedan), capítulo "Mística de la feminidad" de Cristina Molina Petit

'En todas las civilizaciones y todavía hoy, las mujeres inspiran horror a los hombres: es el horror de su propia contingencia carnal proyectado sobre ellas', capítulo "Misoginia" de Anna Caballé

'La opresión atraviesa el sexo, la clase y la raza (Black lives matter)', al capítulo "Interseccionalidad" de Mª José Guera Palmero

'Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aporto legal para no morir', capítulo "Interrupción voluntaria del embarazo" de Mª Luisa Femenías

'La construcción social de los géneros tal como nos es conocida no es sino la construcción misma de la jerarquización patriarcal', capítulo "Género" de Asunción Oliva

'Perdonen las molestias, pero nos están matando', capítulo "Violencia contra las mujeres" de Esperanza Bosch Fiol y Victoria A. Ferrer Pérez

'Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar', capítulo "Genealogías femenino-feministas" de Carmen García Colmenares

'Si nosotras paramos, se para el mundo' Es el lema que acompaña al capítulo "Feminización de la pobreza" de Rosa Cobo

'Cuidados para la vida, autocuidados para vivir', capítulo "Ética del cuidado" de Angélica Velasco Sesma

'No hay planeta B',  capítulo "Emergencia climática" de Dina Garzón

'Ni sumisa ni callada, mujer fuerte, empoderada', capítulo "Empoderamiento" de Luisa Posada Kubissa
Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista' Es el lema que acompaña al capítulo "Feminismo desde Abya Yala" de Aimé Tapia

'Nos quieren sumisas, nos tienen combativas', capítulo "Desorden de las mujeres y contrato sexual" de María Xosé Agra Romero

"La revolución será feminista o no será", capítulo "Revolución" de Beatriz Gimeno

'Tu cuerpo es un campo de batalla', capítulo "Cuerpo de las mujeres en el arte" de Teresa Alario Trigueros

'No vemos mujeres, sino representaciones de muñecas', capítulo "Cosificación" de Asunción Bernárdez

'No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas', capítulo "Autonomía" de Concha Roldán

Son una pequeña muestra. Quedan muchos otros lemas y capítulos por referir en esta lista parcial, igualmente imprescindibles en la reflexión y en la acción feminista actual. Da cuenta del inagotable interés feminista que suscita esta publicación.

'¡A igual trabajo, igual salario', es el lema que acompaña al capítulo "Brecha salarial" , con el que participo. Lema que ha unido a generaciones de feministas y sindicalistas, una reclamación antigua ¡y tan actual! Muy agradecida a Alicia  H. Puleo y a la editorial Cátedra de estar con este lema en un libro aniversario que sigue tendiendo puentes entre pensamiento y acción, como los 130 libros publicados en la colección Feminismo, tan importantes en mi formación feminista (¡algunos verdaderamente imprescindibles!). Y agradecida también a Verónica Perales por su ilustración conmovedora, con esa mano extendida, generosa, inabarcable, de mujer trabajadora.

La brecha salarial de género es la diferencia entre la ganancia media de hombres y mujeres por trabajos iguales o de igual valor. Es un indicador de la discriminación retributiva que afecta a las mujeres respecto a los hombres. Una de las principales y más antiguas reivindicaciones de las mujeres es la reclamación de igual salario por igual trabajo o trabajo de igual valor. Ha formado parte de las manifestaciones del 8 de Marzo, ya centenarias, estando presente en los multitudinarios 8M de 2018, 2019 y 2020. Una muestra de los muchos puntos de encuentro entre el movimiento feminista y el movimiento sindical, un lema que ha movilizado a generaciones de feministas y sindicalistas y que determina la acción sindical en el día a día. Con esta pequeña contribución, mi homenaje a las feministas sindicalistas, que conectaron, y seguimos haciéndolo, las reclamaciones feministas con las que nos atañen como mujeres trabajadoras.

Hay libros que se leen una vez y hay libros que se leen en un tiempo y se siguen leyendo en todos los tiempos... 

Éste, sin duda, es uno de los libros que marcan una época porque reflejan la época misma, desde la contribución feminista, al que volvemos una y otra vez porque en cada lectura, cada entrada, cada mirada a las ilustraciones que las acompañan, cada consulta a las bibliografías y a los materiales multimedia que se aportan en cada lema o concepto, lo hacen imprescindible.


 


sábado, 26 de enero de 2019

Feliz cumpleaños, Virginia Woolf


De cada lectura de Una habitación propia extraigo nuevos hallazgos. La obra que Virginia Woolf escribió en 1929 tomando como base unas conferencias que los colegios femeninos de las universidades de Cambridge, Girton y Newnham le solicitaron acerca del tema “Las mujeres y la novela”, y en la que se preguntaba por qué se encontraban tan pocas escritoras en la historia de la literatura inglesa, ya adelantaba algunas consideraciones acerca de la relación entre literatura y las condiciones de vida de las mujeres que hoy podríamos hacer extensivas a cualquier otro oficio de las mujeres, principalmente de orden creativo y cultural.
Esta obra nos sigue aportando ideas y reflexiones muy actuales sobre las desiguales condiciones de orden material económico y social entre mujeres y hombres en cuanto a acceso a recursos como la educación, la autonomía económica y el uso del tiempo, que obstaculizan el oficio de escritora, pero que podemos ampliar a las carreras profesionales de las mujeres. "La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido pobres, no sólo durante doscientos años sino desde el principio de los tiempos", escribió.
Y relata también las barreras de orden simbólico e institucional que va detectando en su revisión de las bibliotecas y la narrativa británica, como la instauración hegemónica de un canon patriarcal, el déficit en el reconocimiento de las escritoras, que atañe a las mujeres en general y a la valoración social de sus capacidades y sus trabajos.

Y refiere también las diferentes estrategias de escritura, de mirar y contar el mundo, entre mujeres y hombres. Con gran acierto apuntó una estrategia que desde el androcentrismo cultural se ha naturalizado: la función especular con que se apuntalaban a los personajes femeninos en las obras literarias masculinas, canónicas. Mujeres ficticias cuyo devenir literario quedaba en general reducido a engrandecer a los personajes masculinos, algo que vemos repetido todavía hoy con demasiada también en otras creaciones culturales, desde los dibujos animados al cine. En ellas, las mujeres aparecen en las tramas como meras espectadoras de las hazañas de los héroes o como su recompensa. Virginia Woolf lo expresó de manera genial: “durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural”.
Virginia constató, por ejemplo, la pobreza e inseguridad que afectaba de manera principal a las mujeres respecto a los hombres, junto a la pervivencia de la misoginia cultural, el control de su libertad y su sexualidad a través de la castidad y los impedimentos presentes en la vida cotidiana para que las mujeres pudiesen ganarse la vida de manera autónoma mediante ocupaciones cualificadas. Todo ello enmarcado en un patriarcado social y político.
El pasado viernes, 25 de enero, hizo 127 años del nacimiento de Virginia Woolf. Un motivo para volver a leer alguno de sus libros, que nos siguen inspirando.
Nos inspiran su vida, sus obras, sus personajes, sus reflexiones. Es una figura imprescindible en la genealogía feminista y le debemos mucho.
Sus reflexiones rebosan cualquier intento de sintetizar. Su posición antimilitarista, antipatriarcal, a favor de la autonomía y los derechos de las mujeres son la mejor muestra de que sigue siendo muy necesario leerla.
Supo visibilizar los obstáculos de las mujeres a través de una hermana imaginaria de Shakespeare, pongamos (decía) que se llama Judith, y supo presagiar la forma de que Las nuevas Judith cumplan sus sueños: “Yo sostengo que (la igualdad) vendrá si trabajamos por ella, y que hacer este trabajo, aún en la pobreza y la oscuridad, merece la pena".

viernes, 4 de enero de 2019

¡Por un 2019 lleno de apasionantes lecturas!

Imagen de la Red Ecofeminista
En estos días me ha llegado por las redes un mensaje de la Red Ecofeminista: “¡La Red Ecofeminista os desea un feliz 2019 lleno de apasionantes lecturas feministas, ecologistas, animalistas y de medicina ambiental!”, con una imagen sugerente que compila algunos libros clásicos y fundacionales del pensamiento feminista y ecofeminista, con obras más recientes que ramifican y desarrollan estos pensamientos desde múltiples vertientes interdisciplinares, combinando investigación, pensamiento, activismo y prácticas feministas, ecofeministas, animalistas y de medicina ambiental.

Con alegría (no sé si con merecimiento, pero con indudable alegría), encuentro mi libro incluido en esta selección. Y, fundamentalmente, me alegro de que no prolifere la memoria McDonald propia de una era mediática de rápido consumo y veloz amnesia, y porque seamos capaces, individual y colectivamente, de recomendar y releer algunas lecturas claves, porque el pensamiento y la acción feminista, y ecofeminista de raíz ilustrada, no caducan.

Es cierto que en una selección siempre se encuentran obras a faltar, pero desde luego esta selección contiene muchos aciertos. Me parece un acierto el mapa temático que dibujan las obras seleccionadas, que calificaría de un mapa de emergencia para afrontar la crisis y el acechante colapso civilizatorio que nos envuelve y amenaza, lo miremos desde el lado de los derechos de las mujeres, de su salud, su autonomía y su seguridad, de una naturaleza reducida simbólica y materialmente a recursos desechables, de la mera supervivencia del planeta y sus habitantes, de la consideración moral y por tanto derechos de los otros seres sintientes… es decir, desde la justicia social, la justicia de género, la ecojusticia, la geojusticia…

Para ello, al menos a mí me resultan claves algunas obras del feminismo (Kate Millet) y del feminismo español de raíz ilustrada como las que se recogen en esta pequeña selección (Celia Amorós, Amelia Valcárcel, Ana de Miguel), me resulta clave la obra fundacional del ecofeminismo crítico de Alicia Puleo, las animalistas de Angélica Velasco y Marta Tafalla (aunque la de Marta Tafalla aún no la he leído es una de mis prioridades para 2019, puedo adelantar su carácter clave, conociendo anteriores publicaciones), y los desarrollos temáticos desde la ecocrítica, por ejemplo, o desde los movimientos de mujeres indígenas defendiendo la tierra (Aimé Tapia) y de los estudios de medicina ambiental de Carme Valls-LLobet. Y sin olvidar los documentados libros, con aportaciones fundamentales en sus temáticas abordadas, de Asunción Bernárdez, Juan Ignacio Codina, Beatriz Gimeno,  Kika Fumero y Marta Fernández Herraiz, Mar Verdejo y Marta de la Rocha, entre otras.

Muchas de estas lecturas recomendadas aún no las he leído, pero esta sugerente selección me invita a hacerlo, y ¡queda mucho 2019 por delante para leer en el tren!

Títulos de la imagen de la Red Ecofeminista:
Feminismo en un mundo global. Amelia Valcárcel.
Medio ambiente y salud. Mujeres y hombres en un mundo de nuevos riesgos. Carme Valls-Llobet.
Ecofeminismo para otro mundo posible. Alicia Puleo.
La ética animal. ¿Una cuestión feminista? Angélica Velasco Sesma.
La lactancia materna. Política e identidad. Beatriz Gimeno.
Pan y Toros. Breve Historia del pensamiento antitaurino español. Juan Ignacio Codina
Género y naturaleza en las narrativas contemporáneas francesa y española. Eva Antón Fernández.
Ecoanimal. Una estética plurisensorial, ecologista y animalista. Marta Tafalla.
Mujeres indígenas en defensa de la tierra. Aimé Tapia González.
We animals. Jo-Anne McArthur.
Historia Ilustrada de la teoría feminista. Marta de la Rocha.
Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad. Celia Amorós.
Soft Power: Heroínas y muñecas en la cultura mediática. Asunción Bernárdez Rodal.
Lesbianas, así somos. Kika Fumero & Marta Fdez. Herraiz.
Política sexual. Kate Millet.
Fondo de Mar. Mar Verdejo.
Antología del pensamiento feminista español. Roberta Johnson & Maite Zubiaurre.
Zoópolis, una revolución animalista. Sue Donaldson & Will Kymlicka.
Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección. Ana de Miguel.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Reivindicando a Jane Austen, escritora feminista


Tal día como hoy, hace 243 años, nació la escritora británica Jane Austen (Steventon, 16 de diciembre de 1775-Winchester, 18 de julio de 1817). Las efemérides suelen servirnos para traer a la memoria pública a quienes por vida y/o obra han sorteado la finitud anónima de las lágrimas bajo la lluvia. Jane Austen es una de mis autoras preferidas, y su aniversario me parece buena ocasión para reivindicarla como autora feminista.

Del alcance universal de su obra podría deducirse que nada inhabitual se interpuso en su labor creadora. Pero Jane Austen encontró restricciones “propias de su sexo”, es decir, producto de lo que la sociedad de su tiempo determinaba como “propio de mujeres”. Conocemos que tuvo acceso a una educación más sólida que la destinada a las mujeres en la época, por la dedicación docente de su padre y la vocación artística de su madre, y sabemos de las dificultades que tuvo en materia económica, como no el poder heredar ni tener propiedades ni ganarse la vida autónomamente. Ella lo intentó con la literatura, sorteando la presión social, como lo demuestra el carácter anónimo de sus primeras publicaciones y el hecho conocido de que cuando el chirriante gozne de la puerta le avisaba de las visitas escondía el manuscrito y sacaba la labor de punto. Porque el mandato de género no alentaba a las mujeres para que expresaran su visión del mundo, como recordaba en 1929 Virginia Woolf. Las mujeres estaban entonces bajo la tutela de padres, esposos o hermanos y apenas podían decidir sobre su destino y sus vidas. Y Jane Austen lo reflejó y lo cuestionó en sus novelas.


Jane no se conformó, abogó desde sus obras por la autonomía de las mujeres, en el estrecho margen en que podía hacerlo desde su posición. Defendió derechos básicos, como el derecho a la educación, el derecho a expresar y defender sus opiniones, a ser tratadas como seres que no eran sólo portadoras de tiernos sentimientos, sino también de inteligencia. Y, especialmente, el derecho a decidir sobre sí mismas. Aunque no consta un conocimiento directo, la defensa de tales derechos en sus obras y el uso de argumentaciones similares la vinculan al despertar del movimiento feminista ilustrado de Mary Wollstonecraft y su obra Vindicación de los derechos de la mujer (1792).

Compara Virginia Woolf en Una habitación propia (1929) el genio creativo de Shakespeare y Austen sosteniendo que sus mentes habían quemado todas las barreras, pero refiere obstáculos diferenciales, barreras de género, para Jane: “Si Jane Austen sufrió en algún modo por culpa de las circunstancias, fue de la estrechez de la vida que le impusieron. Una mujer no podía ir entonces sola por las calles. Nunca viajó; nunca cruzó Londres en ómnibus ni almorzó sola en una tienda...”. En tiempos de Jane Austen, y hasta épocas cercanas, las mujeres no han dispuesto de recursos económicos ni de la autoridad o libertad necesarias para ejercer de escritoras, debido a factores vinculados al género: por el rol doméstico-familiar, por la falta de control sobre su fertilidad, por el acceso negado o dificultado a la educación, al ejercicio profesional, a las instituciones. Por la falta de credibilidad, por un canon literario patriarcal que tiende a reproducirse desde las élites masculinas herméticamente cerradas a la creatividad, el talento y la palabra de las mujeres.

Volvamos a sus novelas. Muchas de sus protagonistas femeninas (Lizzy Bennet, Anne Elliot, Elinor Dashwood...) se caracterizan por una educación inusual que les dota de las facultades de observación, reflexión y crítica, y de capacidad de interlocución en defensa de sus opiniones. Y comienzan las quejas, la conciencia de que ser mujeres les condena auna vida subordinada, encerrada en el ámbito doméstico, sin oportuidades ni autonomía. Anne Elliot observa en Persuasión: “Carecemos de vida propia. Vivimos recluidas en el hogar...”. Lizzy Bennet critica en Orgullo y Prejuicio la educación ornamental que la buena sociedad establecía para las damas.

Además de esa educación segregada y diferencial, Jane Austen constata cómo les perjudican los prejuicios y la misoginia cultural que se transmite en los libros (escritos por los hombres), como cuatrocientos años antes denunciara otra precursora, Christine de Pizán, en La ciudad de las damas (1404). Pero los personajes de Austen no se conforman ni se callan. En Persuasión, el capitán Herville le dice a Anne Elliot: “no recuerdo haber abierto en mi vida un solo libro en el que no se aluda, de una manera u otra, a la inconsistencia de las mujeres. Todas las canciones y todos los proverbios giran en torno a las flaquezas femeninas. Claro que usted me dirá que todo eso ha sido descrito por hombres...”. Y Anne Elliot le responde: “Los hombres siempre han disfrutado de una ventaja, y ésta es la de ser narradores de su propia historia. Han contado con todos los privilegios de la educación y, además, han tenido la pluma en sus manos. No, no admito que presente los libros como prueba”.

Los personajes femeninos, sean Elizabeth Bennet, de Orgullo y Prejuicio, o Elinor y Marianne de Sentido y Sensibilidad, o Anne Elliot, de Persuasión..., deciden sobre sí mismas. Rebasan los imperativos de encierro, silencio, sumisión. Cuestionan la hipocresía social y la doble moral. Y a la vez nos trasladan los valores de la empatía, el apoyo mutuo, la compasión. Sortean dificultades de la vida cotidiana, de la dependencia económica. Vencen las limitaciones del ángel del hogar victoriano afirmando los cuidados, la sostenibilidad doméstica, anticipando posiciones de la llamada economía feminista. Se enfrentan con contundencia a personajes autoritarios, mujeres u hombres, y se afirman como personas con criterio y voz propia. Suponen la introducción en la literatura del inconformismo de las mujeres respecto a su restricción de derechos y oportunidades, junto con la crítica a una cultura y una sociedad patriarcal y clasista que limita su autonomía.


 Abordar la narrativa de Jane Austen con una mirada de género supone plantear varias cuestiones. Como sabemos, por género en las ciencias sociales, y en el conjunto de saberes académicos, se entiende la construcción sociocultural edificada en torno a la diferencia sexual que establece y asigna a los sexos de forma diferenciada y desigual roles, características de la personalidad, actitudes, comportamientos, valores, poder e influencia. En este caso, la mirada de género implica preguntarnos si el hecho de ser mujer le perjudicó en su dedicación a la escritura; indagar si a través de sus novelas y personajes puede vislumbrarse una mirada distinta, que aporte luz a aspectos antes ignorados en la literatura acerca de la situación de las mujeres y explorar las relaciones de poder entre los sexos; revisar si creencias y prejuicios sobre los sexos son cuestionados o confirmados... Por último, analizar si con sus personajes se rebate el conformismo con unos roles preestablecidos que mantenían a las mujeres en inferioridad social, impugnando una transmisión cultural hegemónica legitimadora de esta desigualdad. Cabe concluir que sí, Jane Austen fue una feminista de su época.




domingo, 5 de agosto de 2018

Para que no olvidemos lo que somos, detengámonos hoy y recordemos

El silencio roto. Mujeres contra el franquismo.
Fernanda Romeu Alfaro.
Madrid: El Viejo Topo, 2002.
 “Nosotras recordamos. Decidimos y escribimos para que las experiencias de las mujeres no queden envueltas en silencio”, Así inicia Fernanda Romeu Alfaro, historiadora, un libro fundamental para la memoria histórica y para la historia reciente de las mujeres en España: “El silencio roto. Mujeres contra el franquismo”.

Precisamente hoy, 5 de agosto, recordamos de manera especial a las “13 Rosas”, 13 mujeres jóvenes, la mayoría de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), fusiladas a las 7 de la mañana del 5 de agosto de 1939. Media hora después que los fueran otros 57 detenidos. 

La historiadora Fernanda Romeu aporta las cartas de las presas, dictadas o autógrafas, los recuerdos y testimonios de sus compañeras, la memoria en su dimensión de justicia, verdad y solidaridad, de sororidad.

Ofrece, transcrita por una compañera de celda, la última carta de Julia Conesa, el mismo día de su fusilamiento. “Salgo sin llorar”, dice, “Me matan inocente pero muero como debe morir una inocente”. Con dignidad. “Que mi nombre no se borre de la historia”. Por eso, especialmente hoy recordamos y ofrecemos el homenaje de la memoria, por quienes fueron y por quienes fueron como ellas, a las 13 jóvenes asesinadas:

Carmen Barrero Aguado (20 años). Martina Barroso García (24 años). Blanca Brisac Vázquez (29 años). Pilar Bueno Ibáñez (27 años). Julia Conesa Conesa (19 años). Adelina García Casillas (19 años). Elena Gil Olaya (20 años). Virtudes González García (18 años). Ana López Gallego (21 años). Joaquina López Laffite (23 años). Dionisia Manzanero Salas (20 años). Victoria Muñoz García (18 años).Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años).

También es importante la labor de recopilación y memoria que incluya el protagonismo de las mujeres, demasiadas veces oculto, invisible. Fernanda Romeu Alfaro ofrece en su libro un itinerario colectivo de para la memoria de las mujeres represaliadas durante la dictadura franquista, y, fundamentalmente, ofrece el testimonio de las mujeres resistentes durante las cuatro décadas de la dictadura: “Para que no olvidemos lo que somos, detengámonos hoy y recordemos, ya que vivimos en una sociedad construida sobre la mentira y la ambigüedad”.

Un itinerario que se reconstruye, con fuentes orales, entrevistas, relatos autobiográficos,  y documentos de todo tipo, desde las tapias de los cementerios y las cárceles franquistas hasta las guerrillas; de las puertas de las cárceles a las primeras movilizaciones de resistencia; de la acción  al compromiso político, sindical, feminista…

Es una lluvia de nombres de mujeres, relatos de sus vidas, de sus luchas, de la construcción colectiva de la resistencia civil, política, sindical, feminista.

Porque, parafraseando a Celia Amorós, recuperar la memoria y la genealogía feminista es también una tarea emancipadora. Sí. Las mujeres estaban en la lucha contra el golpe fascista, contra la dictadura franquista, por los derechos y libertades democráticos, por los valores republicanos, por la igualdad. Y sí, las mujeres lucharon, luchan, lucharán.



Sobre límites e interrogantes: los libros en la obra escultórica de Alicia Martín

  Discernir sobre la utilidad del arte, si es que ha de tener alguna más allá de invitar a su contemplación y, a su través, abrir los sentid...