domingo, 27 de diciembre de 2020

La socialización de género a través de la programación infantil de televisión

Este trabajo de investigación de 2001 se propuso documentar, cuantitativa y cualitativamente, la construcción televisiva de la desigualdad de género a partir del análisis crítico de la programación infantil de televisión durante una semana de programación en cadenas televisivas generalistas, indagando en formatos, protagonistas, roles, contenidos y complementándolo con el análisis de  su recepción en escolares de distintas edades de centros educativos de Castilla y León..

Niñas y niños siguen incorporando numerosos patrones de conducta y pensamiento (actitudes, valores, creencias, normas, comportamientos) tendentes a perpetuar la desigualdad entre los sexos, de forma que la adscripción sexual determina sus condiciones de vida en mayor medida que sus capacidades o aptitudes individuales. Y, en este punto, cabe interrogarse por otras formas de socialización y modelización cultural, no estrictamente educativas o familiares sino provenientes de la cultura lúdica infantil, como es el entretenimiento a través de la recepción de la programación infantil de televisión.


La socialización de género a través de la programación infantil de televisió

Eva Antón Fernández 

Valladolid, 26 de Noviembre de 2001

Trabajo de Investigación En materia de Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres 

(Subvencionado por la Consejería de Sanidad y Bienestar Social de la Junta de Castilla y León, a propuesta de la Dirección General de la Mujer e Igualdad de Oportunidades, según Orden de 2 de Enero de 2001).


Comprende:

0. Introducción

1. Fundamentación

2. Investigación

2.1. Este trabajo de investigación: Marco teórico y metodología semiótica

2.2. Primer nivel de análisis (sintáctico): El medio: correlaciones de género inter e intra serial en la programación infantil

2.3. Segundo nivel de análisis (semántico): La emisión: la construcción de significados en torno a la diferencia sexual: configuración de orden simbólico patriarcal

2.4. Tercer nivel de análisis (pragmático): La recepción. Influencia y afirmación del género en la recepción. Encuesta a escolares castellanoleoneses. 

(Este apartado del estudio se ha realizado, en todas sus fases, en colaboración con Ricardo Jiménez Aboitiz, profesor del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad de Valladolid).

3. Conclusiones


Algunos trabajos de interés que se hacen eco de esta investigación (¡Gracias!):

CEAPA. EDUCÁNDONOS FRENTE A LA TELEVISIÓN. Herramientas para la reflexión y análisis de los contenidos sexistas

EMAKUNDE. Sexismo en la campaña de publicidad de juguetes.

Instituto de la Mujer. Clases de cine compartir miradas en femenino y en masculino. Andrea García González

Irune Ortiz. LA TRANSMISIÓN DELOS ROLES DEGÉNERO EN LOSCUENTOS INFANTILES

TELEVISIÓN Y ROLES DE GÉNERO.  Autoras VIVIANA JAVELA BARRERA LEIDY CATHERINE RAMÍREZ VARGAS

Eva Ormazábal et al. Las desigualdades de género a partir de la gráfica de los juguetes para niñ@s

Construcción del personaje femenino en la narración infantil” Inmaculada Sánchez-Labella Martín. Universidad de Sevilla

Las princesas de Disney” Ma. Eugenia González Alafita, Mariana Villasuso, Tania Rivera Tecnológico de Monterrey. Campus Monterrey

PROGRAMA DE LA ASIGNATURAPROCESOS DE SOCIALIZACION PRIMARIA,  CONCEPCIÓN FERNANDEZ VILLANUEVA, UCM

UD 8 de Marzo todo el año. ACSUR Las Segovias

Arquetipos femeninos en las series de dibujos animados”. Mancinas Chávez Rosalba, Universidad de Sevilla

Una aproximación a los estereotipos femeninos de las series estadounidenses de Disney Channel” Susana López Pérez, Alazne Aiestarán Yarza, Universidad del País Vasco 




jueves, 24 de diciembre de 2020

Invitación a leer "Ser Feministas. Pensamiento y acción"

No podría imaginarse un libro mejor pensado, escrito e ilustrado para conmemorar los 30 años de la colección Feminismos de la editorial Cátedra. Y Alicia H. Puleo lo ha logrado. En noviembre pasado salió publicado el libro Ser Feministas. Pensamiento y acción, de Alicia H. Puleo (editora), en la colección Feminismos, (Cátedra, 2020), que reúne a unas 40 autoras en torno a conceptos, lemas y consignas de las manifestaciones feministas, especialmente de las multitudinarias y globales manifestaciones de los últimos 8 de Marzo. "¡Que el enlace de lemas, citas, nociones y argumentos que aquí presentamos en este aniversario tan especial sea un símbolo y un mensaje de la necesaria unión de teoría y praxis para el camino feminista que nos queda por recorrer!", escribe Alicia H. Puleo en el prólogo.

Un libro dedicado a Celia Amorós, que "con la fuerza de su pensamiento intempestivo, marcó un sólido rumbo ético-político para el feminismo". 

El índice da cuenta de la magnitud del proyecto y de su buen término, tanto en lemas, como en autoras, como con las enormemente simbólicas ilustraciones de la ecoartivista Verónica Perales, que sirven de pórtico a cada capíyulo mientras nos interpelan desde su trazado sencillo.

Se puede acceder a la información del libro, en el espacio web de la colección Feminismos, colección que que dirige Alicia H. Puleo desde 2014, en la web de la editorial Cátedra. Incluye el Prólogo de Alicia H. Puleo, la reflexión "Sobre las imágenes", de Verónica Perales y las dos primeras entradas: "Androcentrismo", por Marta Madruga y Verónica Perales, y "Autonomía", por Concha Roldán. Este dossier también incluye referencias sobre el conjunto de autoras y autores participantes: María Xosé Agra Romero, Teresa Alario Trigueros, Paloma Alcalá, Eva Antón, Xabier Arakistain Fátima Arranz, Isabel Balza, Barbi­japuta, Asunción Bernárdez, Mont­serrat Boix, Esperanza Bosch Fiol , Anna Caballé, Rosa Cobo, Ana de Miguel Álvarez, María Luisa Fe­menías, Victoria A. Ferrer Pérez, Carmen García Colmenares, Dina Garzón, Beatriz Gimeno, Amalia González Suárez, María José Guerra Palmero, Roberta Johnson, Marián López Fdz. Cao, Teresa López Pardina, Teresa Lozano (Towanda Rebels), Marta Madruga Bajo, Zua Méndez (Towanda Rebels), Alicia Miyares, Cristina Molina Petit, Isabel Morant, Soledad Murillo, Asunción Oliva, Eva Palomo, Verónica Perales Blanco, Eulalia Pérez Sedeño, Luisa Posada Kubissa, Alicia H. Puleo, Concha Roldán, Rosalía Romero Pérez, Octavio Salazar Benítez, Iván Sambade Baquerín, Aimé Tapia González, Amelia Valcárcel y Angélica Velasco Sesma.

El pasado 10 de diciembre tuvo lugar en Metalibrería un acto de presentación del libro, que condujo Margarita Pintos, teóloga y librera, y que contó con la participación de Alicia Puleo, Verónica Perales y una buena parte de sus autoras y autores. Fue un acto para celebrar el movimiento y el pensamiento feminista, en el que se recordó a la maestra de maestras feministas Celia Amorós y también a la recientemente desaparecida Asunción Oliva. Un emocionante acto on line que fue seguido por casi 200 personas, lo que es una pequeña muestra del emergente interés de un libro que, sin duda, permite conocer más y asomarse a la profundidad y complejidad del feminismo, sus lemas y conceptualizaciones movilizadoras, un libro llamado a perdurar.

Algunos ejemplos de los capítulos. No están todos reseñados, aun siendo tan interesantes para entender el feminismo actual y sus debates, solo es una muestra para alentar a su lectura:

'No es un caso aislado, es el patriarcado', lema que acompaña al capítulo "Patriarcado" de Alicia H. Puleo

'¡Hermana, no estás sola!', capítulo "Sororidad" de Isabel Balza

'Si eres mujer y puedes votar, agradéceselo a una feminista', capítulo "Sufragistas" de Eva Palomo

'La erótica es tan diferente de la pornografía como el amor lo es de la violación, la dignidad de la humillación, la sociedad de la esclavitud y el placer del dolor',  capítulo "Pornosociedad" de Fátima Arranz

'El feminismo no cuestiona las decisiones individuales de las mujeres, sino las razones que las obligan a tomarlas', capítulo "Mito de la libre elección" de Ana de Miguel

'Las luces solo se curan con más luces' (Madame de Staël), capítulo "Pasión por el saber" de Isabel Morant

'La mitad de todo', capítulo "Paridad" de Amelia Valcárcel

'We can do it!', capítulo "Mujeres científicas: cuando el sexo importa" de Eulalia Pérez Sedeño

'El malestar que no tiene nombre' (Betty Friedan), capítulo "Mística de la feminidad" de Cristina Molina Petit

'En todas las civilizaciones y todavía hoy, las mujeres inspiran horror a los hombres: es el horror de su propia contingencia carnal proyectado sobre ellas', capítulo "Misoginia" de Anna Caballé

'La opresión atraviesa el sexo, la clase y la raza (Black lives matter)', al capítulo "Interseccionalidad" de Mª José Guera Palmero

'Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aporto legal para no morir', capítulo "Interrupción voluntaria del embarazo" de Mª Luisa Femenías

'La construcción social de los géneros tal como nos es conocida no es sino la construcción misma de la jerarquización patriarcal', capítulo "Género" de Asunción Oliva

'Perdonen las molestias, pero nos están matando', capítulo "Violencia contra las mujeres" de Esperanza Bosch Fiol y Victoria A. Ferrer Pérez

'Somos las hijas de las brujas que no pudisteis quemar', capítulo "Genealogías femenino-feministas" de Carmen García Colmenares

'Si nosotras paramos, se para el mundo' Es el lema que acompaña al capítulo "Feminización de la pobreza" de Rosa Cobo

'Cuidados para la vida, autocuidados para vivir', capítulo "Ética del cuidado" de Angélica Velasco Sesma

'No hay planeta B',  capítulo "Emergencia climática" de Dina Garzón

'Ni sumisa ni callada, mujer fuerte, empoderada', capítulo "Empoderamiento" de Luisa Posada Kubissa
Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista' Es el lema que acompaña al capítulo "Feminismo desde Abya Yala" de Aimé Tapia

'Nos quieren sumisas, nos tienen combativas', capítulo "Desorden de las mujeres y contrato sexual" de María Xosé Agra Romero

"La revolución será feminista o no será", capítulo "Revolución" de Beatriz Gimeno

'Tu cuerpo es un campo de batalla', capítulo "Cuerpo de las mujeres en el arte" de Teresa Alario Trigueros

'No vemos mujeres, sino representaciones de muñecas', capítulo "Cosificación" de Asunción Bernárdez

'No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas', capítulo "Autonomía" de Concha Roldán

Son una pequeña muestra. Quedan muchos otros lemas y capítulos por referir en esta lista parcial, igualmente imprescindibles en la reflexión y en la acción feminista actual. Da cuenta del inagotable interés feminista que suscita esta publicación.

'¡A igual trabajo, igual salario', es el lema que acompaña al capítulo "Brecha salarial" , con el que participo. Lema que ha unido a generaciones de feministas y sindicalistas, una reclamación antigua ¡y tan actual! Muy agradecida a Alicia  H. Puleo y a la editorial Cátedra de estar con este lema en un libro aniversario que sigue tendiendo puentes entre pensamiento y acción, como los 130 libros publicados en la colección Feminismo, tan importantes en mi formación feminista (¡algunos verdaderamente imprescindibles!). Y agradecida también a Verónica Perales por su ilustración conmovedora, con esa mano extendida, generosa, inabarcable, de mujer trabajadora.

La brecha salarial de género es la diferencia entre la ganancia media de hombres y mujeres por trabajos iguales o de igual valor. Es un indicador de la discriminación retributiva que afecta a las mujeres respecto a los hombres. Una de las principales y más antiguas reivindicaciones de las mujeres es la reclamación de igual salario por igual trabajo o trabajo de igual valor. Ha formado parte de las manifestaciones del 8 de Marzo, ya centenarias, estando presente en los multitudinarios 8M de 2018, 2019 y 2020. Una muestra de los muchos puntos de encuentro entre el movimiento feminista y el movimiento sindical, un lema que ha movilizado a generaciones de feministas y sindicalistas y que determina la acción sindical en el día a día. Con esta pequeña contribución, mi homenaje a las feministas sindicalistas, que conectaron, y seguimos haciéndolo, las reclamaciones feministas con las que nos atañen como mujeres trabajadoras.

Hay libros que se leen una vez y hay libros que se leen en un tiempo y se siguen leyendo en todos los tiempos... 

Éste, sin duda, es uno de los libros que marcan una época porque reflejan la época misma, desde la contribución feminista, al que volvemos una y otra vez porque en cada lectura, cada entrada, cada mirada a las ilustraciones que las acompañan, cada consulta a las bibliografías y a los materiales multimedia que se aportan en cada lema o concepto, lo hacen imprescindible.


 


sábado, 11 de julio de 2020

A propósito del #MeToo. Leyendo "Socorro, perdón", de Frédéric Beigbeder

El  movimiento #MeToo, que ha cristalizado en los últimos años con millones de denuncias de mujeres en todo el mundo sobre el uso de la violencia y el acoso sexual como prácticas no solo toleradas socialmente sino que formaban parte de ciertos ámbitos laborales dominados por élites transgresoras, y que los affaires de Jeffrey Epstein y de Harvey Weinstein podrían ejemplificar, me ha recordado la novela Socorro, perdón, de Frédéric Beigbeder (2007), en algunos aspectos. 

Para quien no la conozca, la novela narra desde la perspectiva del protagonista Octave Parango,  que se confiesa con un sacerdote ortodoxo ruso, contándole sus adicciones peculiares (las jovencitas, casi niñas) y el miedo a envejecer que le acosa. En ese monólogo, entre el sarcasmo nihilista, la autodestrucción y una latente amenaza que emerge según el relato avanza, se retrata el tipo de vida que lleva, como captador de modelos púberes para las pasarelas y el negocio de la publicidad, ubicado en los últimos años en las grandes orbes rusas, en tratos con las mafias rusas con quienes transacciona en este particular “negocio”. Hacia una de estas adolescentes rusas que aspira a ser modelo, Lena, va a sufrir un amor loco, en la estela de Nabokov, convirtiéndose en el seductor seducido.

Una lectura feminista de Socorro, perdón revela cómo se articula el ideario del negocio patriarcal de la moda y la belleza femenina, que vincula prácticas sociales toleradas de cosificación y sumisión de las mujeres, que se materializan en situaciones de explotación laboral y sexual, derivando en ocasiones hasta la esclavitud y la trata.

El protagonista, Octave, señala claramente «las mujeres son mi negocio». Manifiesta «yo abastecía a comedores de lolitas», expresión que usa por la tendencia a buscar el ideal de belleza femenina en mujeres cada vez más jóvenes, casi niñas, y que encubre la pederastia con una pátina de transgresión. Y es una frase indicativa de que, en realidad, el público target de su negocio no son las jóvenes sino los maduros Jeffrey Epstein y congéneres.

Además, este protagonista es consciente del poder de la imagen en la publicidad de los cosméticos femeninos para delimitar el estereotipo de mujer bella: «Señores, nuestro objetivo es simple: que tres mil millones de mujeres quieran parecerse a la misma mujer. Y mi problema es encontrarla». Proporciona una primera autodefinición de su “oficio”, sobre el que proyecta una mirada deshumanizada, metonímica (las chicas no son percibidas como personas, son reducidas a fragmentos corporales: curvas, pechos, perfiles...): “Mi oficio no era un empleo auténtico: “cazatalentos”, hasta el nombre es penoso. Me pagaban por buscar a la chica más hermosa del mundo…Mi futuro profesional dependía de algunas medidas, de un contorno de pecho, de una curvatura pronunciada o de un perfil travieso”.

Se refleja cómo los hombres poderosos exhiben a sus acompañantes femeninas como sus trofeos o como si fueran sus perros, como una prolongación de su poder económico, desvelando un proceso de animalización de las mujeres que busca asentar simbólicamente la superioridad del hombre sobre mujeres y animales: “En aquella época en que la mujer bonita se había convertido en un trofeo, algunas veladas se parecían a concursos de teckels: el premio era para quien luciera en brazos al perrito más mono. Los hombres comparaban los cuerpos de sus acompañantes, el color de sus ojos, el olor de sus cabellos y la longitud de su correa”.

Son élites masculinas quienes construyen los ideales y cánones de belleza por los que se rigen las mujeres. Octave identifica sarcásticamente el canon racista, pero no el sexista. Describe a las chicas rusas como la mejor materia prima para su negocio, las califica como la verdadera industria nacional rusa, porque, señala, reflejan en su físico ario la sumisión, la pobreza, la palidez...

Ése es el oficio de Octave, suministrar «modelos kleenex» (como las denomina) a la industria, por ello las reduce a objetos. Debe captar a las más jóvenes, verificadas por sus medidas, reducidas a la fachada física, a la fotogenia potencial, a los estándares de belleza corporal predefinidos: “Me había convertido en un controlador de querubines…No conocía mujeres: las verificaba. Siempre tenía que someter a las mujeres a una batería de test, una auténtica lista de chequeo, como un piloto de avión que inspecciona su aparato”.

Una vez ha entrado en materia, en un monólogo que es confesión y exculpación a la vez, llega la consciencia –cínica- de la violencia sexual, aunque hace lo posible por atenuarlo; la prerrogativa de la violación hacia las mujeres es también un elemento subyacente del entramado constituyente de la identidad masculina de las élites en el poder: “Debo llegar a la confesión que me fastidia y que postergo desde hace meses. Aquí está: antes de conocer a Lena, violé a doce jovencitas en un año. No ponga esa cara: sólo es una por mes... Ya sabe, en nuestros oficios artísticos, se adquieren enseguida determinadas costumbres

Con una anticipación de una década a la explosión del MeToo y la visibilidad de una violencia sistemática y soterrada, el protagonista de la novela cuenta su método, muy cercano a lo testificado por las  mujeres víctimas de agresiones de Epstein o Weinstein, lo que da cuenta de su carácter estructural. En su caso es prepararlas para fotos de seducción. Su coartada es que todo el mundo (fotógrafos célebres que cita, pintores reconocidos) lo hace, y que ellas –dice- aceptan esa servidumbre sexual como parte de su trabajo: “El look porno estaba en el aire de los tiempos, jugar la carta de lo sexy no equivalía a prostituirse, todas las estrellas han pasado por eso... La justificación artística autorizaba todas las experiencias”.

Una coartada artística que, a su entender, atenúa el chantaje sexual, pero también cuenta con su impunidad y la protección de matones, llegado el caso. Y asoma la trata de mujeres, el verdadero negocio. Octave descubre el subtexto de género de este negocio y esta violencia ancestral: “Confieso que yo llevaba bien mi business. Aportaba beldades para las orgías de la nueva nomenclatura y a cambio mis amigos de las altas esferas me ofrecían seguridad e impunidad”.

Además de la trata de mujeres con fines de explotación sexual, aparecen en el relato otros dos yacimientos de explotación de mujeres: granjas con chicas jóvenes destinadas a la producción de lágrimas y de leche materna. Es cuanto menos insólita la forma que tiene Octave de naturalizar en su relato también estas dos “fábricas”, sin la menor empatía o comprensión del sufrimiento de las mujeres, relata las torturas a las que se somete a las chicas para que «produzcan lágrimas». Porque, explica Octave, las «lágrimas de sumisas» son un producto raro y caro, de propiedades afrodisíacas, ingrediente culinario o de cócteles, y debe asegurarse el sufrimiento de «la llorona».

Si en vez de nihilismo, trasgresión cómplice y elitista, y homenaje a Nabokov, entre otras deudas literarias, encontrásemos algo de denuncia, visibilidad, empatía…

 

NOTA: Buena parte está tomada, con modificaciones, del epígrafe “Seducción,  el lucro patriarcal del sexo. Socorro, perdón (Frédéric Beigbeder): las mujeres son mi negocio”, de Eva ANTÓN FERNÁNDEZ (2018) Género y naturaleza en las narrativas contemporáneas francesa y española. Ediciones Universidad de Valladolid. 

 


sábado, 30 de mayo de 2020

Leyendo en el balcón un libro sobre los libros, esa novela coral inacabada

En estos meses nos han envuelto muchas brumas del color de la incertidumbre. Pero algunos rayos de luz se han abierto camino, como la transformación de balcones y ventanas en nuevos ágoras desde los que volcar el aplauso colectivo al personal sanitario, y, por extensión, a quienes nos curan, nos cuidan limpian, suministran, acogen, acompañan..., que son, en definitiva, quienes nos sostienen, muchas veces mujeres en sectores laborales en los que la feminización que presentan se traduce en precariedad, fruto de la conjunción planetaria de capitalismo neoliberal y patriarcado.

Recuerdo, por primera vez, haber participado en un 1º de Mayo virtual, por otro modelo económico y social posible y necesario, y en reconocimiento a las personas trabajadoras que, exponiéndose con generosidad, entrega y profesionalidad, estaban afrontando la respuesta a la COVID-19 desde la primera línea. Y recuerdo también que me sentí muy acompañada!

También he visto florecer comunidad y naturaleza desde balcones y ventanas. Y, en concreto, he visto asilvestrarse mi pequeñísimo balcón como un mini jardín ecofeminista, pleno de vida, sonoro y habitado por tantos seres pequeños en tránsito, en su mayoría alados, un paréntesis de encierro en el que  poder apoyarme un ratito y establecer ese diálogo interno que es la lectura.

Qué mejor manera de empezar que adentrándome en un libro que resume la historia del libro en el mundo antiguo, con un título tan seductor como El infinito en un junco (Irene Vallejo, Siruela).

La lectura supone también, a su manera, adentrarse en una espesa niebla. sortear bifurcaciones de senderos, caminar adelante y atrás, descubrir nuevos paisajes, miradas diferentes, cuando quizá tu vista se pose en el minúsculo detalle o el panorama que abarca tu mirada sea distinto de la ruta que pretende cada autora o autor....

Lo que más me ha maravillado es quizá minoritario dentro del bagaje que aportan autora y libro. La agitada respiración que se desprende del impulso irrefrenable de escribir. Me apropio de una cita, que la autora refiere, de Marguerite Duras: escribir es intentar descubrir lo que escribiríamos si escribiésemos...

Y el recorrido cultural sobre los libros, la lectura, el canon... plagado de intertextualidades (cine, libros actuales, poetas, escenarios culturales, las grandes bibliotecas...) que hacen amena su lectura y amplían horizonte, sin duda, aunque... con cierto sesgo androcéntrico no cuestionado. Sin menoscabo de homenajes ("La historia de la literatura empieza de forma inesperada. El primer autor del mundo que firma un texto con su propio nombre es una mujer. Mil quinientos años antes que Homero, Enheduanna, poeta y sacerdotisa, escribió un conjunto de himnos...").

Este libro nos recuerda el poder del libro como depositario de cultura, de experiencias, de lenguas, de cosmovisiones... y como depositario del poder. Los libros como "extensiones de la memoria, los únicos testigos -imperfectos, ambiguos, pero insustituibles- de los tiempos y los lugares adonde no llega el recuerdo vivo".

La propia autora define la tarea emprendida: "Esta es la historia de una novela coral aún por escribir. el relato de una fabulosa aventura colectiva, la pasión callada de tantos seres humanos unidos por una misteriosa lealtad...". La pasión de contar, de escribir, de leer, de conservar, cuidar, preservar los libros, de explicar, criticar, entender, profundizar, cuestionar lo que contienen... "Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia. Los olvidados, las anónimas.Personas que lucharon por nosotros, por los rostros nebulosos del futuro". Para grabar en un pequeño material el infinito que mostraron, soñaron, imaginaron. Aunque luego la vara de medir socialmente su valor cultural (el canon, el junco), potestad de las élites, les devolviera a la oscuridad, a la sombra, al olvido.

Lectoras, lectores. Y sus circunstancias. Antes leía, sobre todo, en el tren. Antes, me refiero, claro está, a hace apenas tres meses, a antes de la COVID-19. Algunas veces incluso compartía breves comentarios o liberaba frases de los libros que iba leyendo en ese supuesto diálogo impredecible que es el territorio twitter, con una etiqueta explícita (#LeyendoEnElTren), para que emprendiesen un vuelo libre de fronteras y disciplinas.

El viaje en tren permite un paréntesis de tiempo propio. Recuerdo haber hecho un breve balance unos días antes de fin de año el pasado diciembre: Acabando el año, 2 horas de trayecto cada día, casi 500 horas en el tren. Viendo pasar paisajes, estaciones, gentes, nubes, pájaros. Viéndolos cambiar en cada ciclo estacional. Mirando, pensando, dialogando, tuiteando, combatiendo, durmiendo, tal vez soñando. Y leyendo". Y recuerdo haber concentrado en una sola imagen las cientos de horas dedicadas al diálogo infinitivo, al viaje inacabado a otros mundos, otras voces, otras miradas, el viaje del que nunca se regresa inalterada porque el conocimiento es irreversible y nos cambia, nos moldea, modifica nuestra subjetividad, amplía el horizonte de lo vivible, de lo nombrable.

Las lecturas del 2019 me han dejado una huella inquebrantable y han contribuido, de forma decisiva, a este proyecto inacabado de querer ser mejor persona. 

Fue, desde luego, el año de Claves ecofeministas de Alicia Puleo (Plaza y Valdés), que me acompañó durante largo tiempo y al que vuelvo, junto con el fundamental Ecofeminismo para otro mundo posible, cada cierto tiempo. Porque los libros tienen muchas lecturas, no se agotan en un solo trayecto. Si leo con espíritu crítico preguntaré, dudaré, inquiriré. Leer es una forma creativa de escuchar, escribe sobre la lectura Siri Hustvedt (Vivir, pensar, mirar, 2012). 

Y la lectura de Claves feministas (para rebeldes que aman la tierra y a los animales) me ha aportado claves fundamentales, desde la belleza ética de la rebeldía,  para la indagación individual y colectiva: "La crítica al prejuicio y los principios de igualdad y libertad están en el corazón mismo de la Ilustración; el ecofeminismo ilustrado actualiza este legado y amplía sus horizontes". Olvidar esta herencia nos debilita frente a la dominación y la explotación. "El modelo de desarrollo vigente, basado en una razón meramente instrumental, de corto alcance, acarrea la destrucción del ecosistema global". "Hoy, la justicia social implica también ecojusticia". "La educación ambiental predominante sigue sin facilitar una conciencia crítica de los roles de género y sin visibilizar a las mujeres como víctimas de la crisis ecológica y como protagonistas del cambio hacia una cultura de la sostenibilidad", y dejo de citar frases porque, como ocurre con el arte, en este caso todo el libro es de obligada lectura, disfrute y reflexión, y su completo abordaje aumenta la invitación al entendimiento de las bases del pensamiento y la praxis del ecofeminismo crítico desde cada uno de sus pilares.

Muchas obras impactantes. Empujando al patriarcado, de Cynthia Enloe (Feminismos, Cátedra), un ensayo sobre tácticas patriarcales para modernizarse y mantener su hegemonía y sobre las resistencias feministas para desenmascararlo, con estrategias de lucha: "Cualquier concepto feminista debería dejar transparente lo que son las operaciones más atractivas del patriarcado actualizado. Y el patriarcado hecho transparente es un patriarcado hecho vulnerable", dice. Y continúa: "Prestar atención feminista, hacer preguntas feministas, realizar investigaciones feministas, crear conceptos que revelen la condición de género, crear alianzas amplias... actuar con esmero: el patriarcado no tiene la menor oportunidad". 

Crear alianzas feministas amplias

Fue también el año de Ecoanimal de Marta Tafalla (Plaza y Valdés). Ensayo de lectura sobre la relación con la Naturaleza con conocimiento, ética y, sobre todo, una estética profunda y crítica que orienta a apreciar, pensar, sentir y actuar rompiendo la burbuja antropocéntrica. Es una invitación inagotable a la reflexión filosófica sobre los sentidos, y Marta Tafalla formula una estética plurisensorial de la naturaleza en la apreciación de entornos naturales, animales. La filosofía, dice, aporta sobre todo ética y política, pero necesitamos desarrollar una estética: Cuando hoy pretendemos apreciar la belleza natural tropezamos al instante con el calentamiento global, el exterminio de especies, la explotación de animales, la destrucción de ecosistemas y la contaminación, que configuran el problema más grave de la humanidad. Otro de los libros del 2019 que va más allá de su tiempo.

Y fue el año del descubrimiento de la narrativa de Olga Tokarczuk, con su maravillosa Sobre los huesos de los muertos, ficción con amplitud de naturaleza, entorno rural, multiplicidad y defensa animal, mujeres sabias e indómitas, denuncia sobre la destrucción global desde lo pequeño y lo local
Pero, ciertamente, esta autora y su creación merecen más tiempo y espacio, un intento más profundo de inmersión en los múltiples senderos de lectura que ofrece.

La preocupación social no quedó desatendida en la lectura. Es una dimensión siempre presente. Pero eso, también, queda para otra ocasión.

Antes leía, sobre todo, en el tren. Ahora, en este periodo de excepcionalidad en el que se redescubren los balcones y ventanas como espacios de tránsito de la naturaleza y la vida, incluida la cultura, me empiezo a asentar, leyendo en el balcón (#LeyendoEnElBalcón)


lunes, 29 de julio de 2019

Leyendo sobre metamorfosis literarias: la de Kafka y la otra, la de Darrieussecq


Leer es emprender un viaje hacia otras voces, otros mundos, otras realidades. Propongo un viaje comparativo por “la” metamorfosis por antonomasia (Kafka) y “otra” metamorfosis, como la que ofrece Truismes, de Marie Darrieussecq (1996), según una lectura en clave ecofeminista.

Parece que “la” metamorfosis literaria por excelencia es la obra de Franz Kafka (1915) del mismo título. Pero hay “otras” metamorfosis, que, por cierto, además de una terminología que abarca campos semánticos de diversas disciplinas (desde mitología a biología, entre otras) es un subgénero literario que viene de lejos y que refiere la transmutación física de seres humanos a seres animales, aunque, a menudo, manteniendo la conciencia.

En la de Kafka encontramos que el personaje que transmuta es el joven viajante de comercio Gregorio Samsa; en la de Darrieussecq es una joven dependienta sin nombre. Diferencia sustantiva: un joven de valía profesional, que basa su éxito en un mundo competitivo que implica amplitud de movilidad geográfica, identificado por su nombre y apellidos (¿recuerdan la “teoría de los nombres propios” como producción de significado e individuación?), y una joven que sale al mundo laboral optando a una oferta de empleo de dependienta, uno de los pocos fácilmente accesibles a las jóvenes en un mundo laboral segregado (una joven que puede ser cualquier joven, remitiendo a las “idénticas” de Celia Amorós).

Para Gregorio Samsa todo empezó en su casa (“Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto”). La nueva situación le condena a una reclusión doméstica (en un primer momento, encerrado en su habitación, para que nadie de su familia le vea; en un segundo momento, encerrado en casa, para que nadie del mundo extrafamiliar le vea) y pone en peligro su situación laboral, y con ella, su papel de sustentador económico familiar. Los primeros días logra mantener la autoridad mediante su palabra, al comunicarse verbalmente con el exterior. Más tarde, cuando la realidad de su apariencia se impone, es rechazado por su monstruosidad. Las mujeres de la casa (madre, hermana, sirvienta) le cuidan; paulatinamente, la repulsión va extendiéndose también entre ellas. Alguna le llega a dar unos escobazos. Toda la familia entiende que la “nueva situación” de Gregorio les sitúa fuera de la buena sociedad, en la marginalidad, y desean su muerte. Finalmente, Gregorio muere y la familia sale, aliviada, a dar un paseo por la ciudad, saludando de nuevo a paseantes y conocidos. La normalidad se ha restablecido, frente al caos que ha irrumpido en su cotidianeidad mediante lo absurdo, lo diferente, lo imprevisto, lo desconocido. En la novela de Kafka, una vez disuelto el elemento discordante (el cuerpo, la materia, lo animal), vuelve a reinar el orden, la lógica (patriarcal), la civilización.

La metamorfosis, la transformación de Gregorio Samsa en un “insecto mostruoso”, mediante lo que Marta Tafalla denomina una “instrumentalización estética” –apropiarse de su apariencia para transmitir significados ajenos a su ser, como símbolos o metáforas de ideas, temores o comportamientos humanos- plantea distintas reflexiones. Por un lado, por qué una apariencia animal subvierte el orden humano hasta tal punto, si por otro lado conserva capacidades consideradas humanas (lenguaje verbal, inteligencia conceptual, etc.). Por otro, por qué genera (así se nos describe) tanto rechazo entre su propia familia. ¿Por un cuerpo, una apariencia, tildada de “monstruosa”? Pero un insecto es como es. La etiqueta de “monstruosidad” la crea una determinada mirada humana (antropocéntrica)… También lo expone Marta Tafalla en Ecoanimal: culpamos a los animales de su fealdad para instrumentalizarlos, para dominarlos.

Viene de lejos la devaluación vía “naturalización” de mujeres y animales para legitimar dominio, explotación y la violencia, ya lo advirtió Simone de Beauvoir en El segundo sexo. Se u muestra con dos caras, como ha analizado Alicia H. Puleo: se feminiza la Naturaleza (también la animal) y se animaliza a las mujeres (como eternas hembras constreñidas por la pulsión sexual y condenadas a la reproducción). Mª Teresa Alario señala “el saldo de la asociación mujer-animal en las representaciones culturales ha sido tradicionalmente negativo para ellas: ponía en evidencia el carácter «casi» infrahumano del género femenino".

La novela de Darrieussecq sintetiza muchas rupturas. En tono paródico, plantea una sátira política, feminista y social, incluye elementos de la literatura distópica y fusiona distintas intertextualidades en un ejercicio de interdiscursividad que versiona textos literarios, cinematográficos, y de otro tipo. También es una novela de autodescubrimiento (bildungsroman). En su relato retrospectivo, la joven de Darrieussecq cuenta que todo empezó al salir a buscar empleo. Es el relato de una joven ingenua que responde emocionalmente y bajo la influencia del mito del amor romántico a los retos de un ámbito público que desconoce y al que se enfrenta en solitario. Reducida a cuerpo, a carne, a imagen y sustancia corporal, sin voz propia, sin autoridad, sin libertad ni autonomía, avanza por los espacios públicos sometida a acoso sexual, violencia sexual, violencia de género (por sus parejas), explotación laboral y sexual, violencia simbólica, violencia económica, incluso violencia de género que rompe la barrera de lo híbrido (en su relación con el hombre-lobo Yván). Ante cada acto de violencia patriarcal, se irá convirtiéndose, gradualmente, en cerda. Así, la novela no es otra cosa, de nuevo, que una fábula, una forma narrativa que se sirve de los animales para fabricar significados muy humanos. Solo que ésta es una fábula que cuestiona el dominio de mujeres y animales en la sociedad neoliberal y patriarcal.

La novela muestra una transición desde un sujeto pasivo, objeto de una doble dominación, en tanto mujer y en tanto animal, a un sujeto activo, capaz de ver y hablar por sí mismo, adueñándose de su destino (su cuerpo, su sexualidad), proporcionando su visión del mundo (su relato), descubriendo la libertad personal a través de la asunción de su dimensión animal y su inmersión en un entorno natural. Solución narrativa que no altera el orden patriarcal imperante, como señala Lucile Desblache respecto a esta novela, “la naturaleza puede abrir puertas a la libertad individual, pero cierra las del poder social”.

En Truismes el relato se construye sobre una animalización “natural” de la protagonista a través de la magnificación de un mecanismo dual de construcción genérica de lo femenino: la reducción de las mujeres a lo corporal, la materia pasiva, la “carne”, por un lado, y su encarnación de una sexualidad irrefrenable, por otro. La protagonista de Trusimes refiere su proceso de animalización al interaccionar con personajes icónicos en el ensamblaje del dominio patriarcal, que la cosifican y explotan material, simbólica y sexualmente. Le despojan de su individualidad, de su capacidad como sujeto, determinando su lugar en el mundo en tanto cuerpo, sin autonomía, sin libertad, sin control sobre su tiempo, su trabajo, su deseo, su imagen, su sexualidad o su reproducción, quedando bajo el dominio de los hombres. Son muchos puntos concomitantes del devenir de esta protagonista con la conceptualización sobre los animales (no humanos) y su situación de dominación y explotación en las sociedades actuales. Que, además, la protagonista percibe, muestra en su relato, con empatía por su sufrimiento, por su destino de dominación y explotación, al servicio de un grupo humano determinado (un neofascismo fundamentalista que asoma en la sátira distópica y que hoy reconocemos claramente).

Estas son algunas de las reflexiones que surgieron cuando preparaba una Comunicación al I Congreso Ética animal y género: nuevas propuestas ético-políticas y educativas, que coordinó Angélica Velasco Sesma y se desarrolló en la Universidad de Valladolid los días 9 y 10 de mayo de este año. Comunicación que finalmente presenté con el título: “Una lectura ecofeminista de Truismes (Marie Darrieussecq): Analizando en el discurso ficcional algunas claves de dominio y explotación patriarcal sobre mujeres y animales”.  Mi propuesta partía de la constatación de que la literatura establece una relación dinámica y dialógica con la ideología –es ella misma una forma ideológica- y las estructuras de dominación. A través de una lectura ecofeminista de la novela Truismes (“Marranadas”), de Marie  Darrieussecq, proponía la posibilidad de deconstruir algunos constituyentes con los que se elabora culturalmente la subordinación y explotación de “los otros”, específicamente las mujeres y los animales no humanos, desde una lógica de dominio patriarcal adaptada a contextos neoliberales. 

Apuntaba a desvelar (detectar, visibilizar, por tanto, politizar) algunos de esos aspectos citados, a partir de una lectura crítica basada en postulados del ecofeminismo de base ilustrada formulado por Alicia H. Puleo en Ecofeminismo para otro mundo posible (Cátedra, Feminismos, 2011) y más recientemente, en Claves ecofeministas (Plaza y Valdés editores, 2018) aplicados al campo del análisis literario, completados con otras miradas desde la perspectiva feminista (Teresa Alario, Carmen G. Colmenares), la ecocrítica (Teo Sanz), o la ética animalista (Lucile Desblache, Marta Tafalla, Isabel Balza, Angélica Velasco). Una parte del análisis proviene del epígrafe “Marranadas (Marie Darrieussecq): las mujeres, animales sexuales”, del libro Género y Naturaleza en las narrativas contemporáneas francesa y española (Ediciones Universidad de Valladolid, 2018). 



sábado, 26 de enero de 2019

Feliz cumpleaños, Virginia Woolf


De cada lectura de Una habitación propia extraigo nuevos hallazgos. La obra que Virginia Woolf escribió en 1929 tomando como base unas conferencias que los colegios femeninos de las universidades de Cambridge, Girton y Newnham le solicitaron acerca del tema “Las mujeres y la novela”, y en la que se preguntaba por qué se encontraban tan pocas escritoras en la historia de la literatura inglesa, ya adelantaba algunas consideraciones acerca de la relación entre literatura y las condiciones de vida de las mujeres que hoy podríamos hacer extensivas a cualquier otro oficio de las mujeres, principalmente de orden creativo y cultural.
Esta obra nos sigue aportando ideas y reflexiones muy actuales sobre las desiguales condiciones de orden material económico y social entre mujeres y hombres en cuanto a acceso a recursos como la educación, la autonomía económica y el uso del tiempo, que obstaculizan el oficio de escritora, pero que podemos ampliar a las carreras profesionales de las mujeres. "La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido pobres, no sólo durante doscientos años sino desde el principio de los tiempos", escribió.
Y relata también las barreras de orden simbólico e institucional que va detectando en su revisión de las bibliotecas y la narrativa británica, como la instauración hegemónica de un canon patriarcal, el déficit en el reconocimiento de las escritoras, que atañe a las mujeres en general y a la valoración social de sus capacidades y sus trabajos.

Y refiere también las diferentes estrategias de escritura, de mirar y contar el mundo, entre mujeres y hombres. Con gran acierto apuntó una estrategia que desde el androcentrismo cultural se ha naturalizado: la función especular con que se apuntalaban a los personajes femeninos en las obras literarias masculinas, canónicas. Mujeres ficticias cuyo devenir literario quedaba en general reducido a engrandecer a los personajes masculinos, algo que vemos repetido todavía hoy con demasiada también en otras creaciones culturales, desde los dibujos animados al cine. En ellas, las mujeres aparecen en las tramas como meras espectadoras de las hazañas de los héroes o como su recompensa. Virginia Woolf lo expresó de manera genial: “durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural”.
Virginia constató, por ejemplo, la pobreza e inseguridad que afectaba de manera principal a las mujeres respecto a los hombres, junto a la pervivencia de la misoginia cultural, el control de su libertad y su sexualidad a través de la castidad y los impedimentos presentes en la vida cotidiana para que las mujeres pudiesen ganarse la vida de manera autónoma mediante ocupaciones cualificadas. Todo ello enmarcado en un patriarcado social y político.
El pasado viernes, 25 de enero, hizo 127 años del nacimiento de Virginia Woolf. Un motivo para volver a leer alguno de sus libros, que nos siguen inspirando.
Nos inspiran su vida, sus obras, sus personajes, sus reflexiones. Es una figura imprescindible en la genealogía feminista y le debemos mucho.
Sus reflexiones rebosan cualquier intento de sintetizar. Su posición antimilitarista, antipatriarcal, a favor de la autonomía y los derechos de las mujeres son la mejor muestra de que sigue siendo muy necesario leerla.
Supo visibilizar los obstáculos de las mujeres a través de una hermana imaginaria de Shakespeare, pongamos (decía) que se llama Judith, y supo presagiar la forma de que Las nuevas Judith cumplan sus sueños: “Yo sostengo que (la igualdad) vendrá si trabajamos por ella, y que hacer este trabajo, aún en la pobreza y la oscuridad, merece la pena".

viernes, 4 de enero de 2019

¡Por un 2019 lleno de apasionantes lecturas!

Imagen de la Red Ecofeminista
En estos días me ha llegado por las redes un mensaje de la Red Ecofeminista: “¡La Red Ecofeminista os desea un feliz 2019 lleno de apasionantes lecturas feministas, ecologistas, animalistas y de medicina ambiental!”, con una imagen sugerente que compila algunos libros clásicos y fundacionales del pensamiento feminista y ecofeminista, con obras más recientes que ramifican y desarrollan estos pensamientos desde múltiples vertientes interdisciplinares, combinando investigación, pensamiento, activismo y prácticas feministas, ecofeministas, animalistas y de medicina ambiental.

Con alegría (no sé si con merecimiento, pero con indudable alegría), encuentro mi libro incluido en esta selección. Y, fundamentalmente, me alegro de que no prolifere la memoria McDonald propia de una era mediática de rápido consumo y veloz amnesia, y porque seamos capaces, individual y colectivamente, de recomendar y releer algunas lecturas claves, porque el pensamiento y la acción feminista, y ecofeminista de raíz ilustrada, no caducan.

Es cierto que en una selección siempre se encuentran obras a faltar, pero desde luego esta selección contiene muchos aciertos. Me parece un acierto el mapa temático que dibujan las obras seleccionadas, que calificaría de un mapa de emergencia para afrontar la crisis y el acechante colapso civilizatorio que nos envuelve y amenaza, lo miremos desde el lado de los derechos de las mujeres, de su salud, su autonomía y su seguridad, de una naturaleza reducida simbólica y materialmente a recursos desechables, de la mera supervivencia del planeta y sus habitantes, de la consideración moral y por tanto derechos de los otros seres sintientes… es decir, desde la justicia social, la justicia de género, la ecojusticia, la geojusticia…

Para ello, al menos a mí me resultan claves algunas obras del feminismo (Kate Millet) y del feminismo español de raíz ilustrada como las que se recogen en esta pequeña selección (Celia Amorós, Amelia Valcárcel, Ana de Miguel), me resulta clave la obra fundacional del ecofeminismo crítico de Alicia Puleo, las animalistas de Angélica Velasco y Marta Tafalla (aunque la de Marta Tafalla aún no la he leído es una de mis prioridades para 2019, puedo adelantar su carácter clave, conociendo anteriores publicaciones), y los desarrollos temáticos desde la ecocrítica, por ejemplo, o desde los movimientos de mujeres indígenas defendiendo la tierra (Aimé Tapia) y de los estudios de medicina ambiental de Carme Valls-LLobet. Y sin olvidar los documentados libros, con aportaciones fundamentales en sus temáticas abordadas, de Asunción Bernárdez, Juan Ignacio Codina, Beatriz Gimeno,  Kika Fumero y Marta Fernández Herraiz, Mar Verdejo y Marta de la Rocha, entre otras.

Muchas de estas lecturas recomendadas aún no las he leído, pero esta sugerente selección me invita a hacerlo, y ¡queda mucho 2019 por delante para leer en el tren!

Títulos de la imagen de la Red Ecofeminista:
Feminismo en un mundo global. Amelia Valcárcel.
Medio ambiente y salud. Mujeres y hombres en un mundo de nuevos riesgos. Carme Valls-Llobet.
Ecofeminismo para otro mundo posible. Alicia Puleo.
La ética animal. ¿Una cuestión feminista? Angélica Velasco Sesma.
La lactancia materna. Política e identidad. Beatriz Gimeno.
Pan y Toros. Breve Historia del pensamiento antitaurino español. Juan Ignacio Codina
Género y naturaleza en las narrativas contemporáneas francesa y española. Eva Antón Fernández.
Ecoanimal. Una estética plurisensorial, ecologista y animalista. Marta Tafalla.
Mujeres indígenas en defensa de la tierra. Aimé Tapia González.
We animals. Jo-Anne McArthur.
Historia Ilustrada de la teoría feminista. Marta de la Rocha.
Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad. Celia Amorós.
Soft Power: Heroínas y muñecas en la cultura mediática. Asunción Bernárdez Rodal.
Lesbianas, así somos. Kika Fumero & Marta Fdez. Herraiz.
Política sexual. Kate Millet.
Fondo de Mar. Mar Verdejo.
Antología del pensamiento feminista español. Roberta Johnson & Maite Zubiaurre.
Zoópolis, una revolución animalista. Sue Donaldson & Will Kymlicka.
Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección. Ana de Miguel.

Sobre límites e interrogantes: los libros en la obra escultórica de Alicia Martín

  Discernir sobre la utilidad del arte, si es que ha de tener alguna más allá de invitar a su contemplación y, a su través, abrir los sentid...