viernes, 2 de enero de 2026

Sequía, violencia, desolación

 

Pocas veces la sequía es la protagonista coral de una ficción. Es fondo de paisaje, escenario dinámico, retrato focal y coral en gran angular, revulsivo. La sequía como devastación de lo humano, interrogante y/o detonante de violencia y de supervivencia, pasado presente. 

De la extenuación de un sol cegador a la desolación.

Unas impresiones sobre Años de sequía (The Dry), de la escritora y periodista anglo australiana Jane Harper, Salamandra, 2017.  

Y la versión en cine, The Dry, dirigida por Robert Connolly, Australia, 2020, protagonizada por Eric Bana, Bruce Spence, Genevieve O'Reilly, Keir O'Donnell y la propia Jane Harper en un papel menor.

La sequía seca, esconde, agrieta, estría, las apariencias.  Y lo que parece, no es. Aparente feminicidio, que no es. Feminicidio y violencia sexual que han permanecido ocultas, enterradas, durante años, que sí es. Apariencia de vida rural fértil y agradecida, que no es. Apariencia en micro tramas que conllevan una vida subterránea.


Y lo que se ve: una vez más, mentiras y secretos, soledades y desolación, la violencia como preludio (para amenazar al protagonista, matan a un perro y se lo envían como mensaje, en el pasado y en el presente), la violencia como trama (el asesinato de la joven Ellie Dacon en el pasado, el de Hellen y Billy a manos, aparentemente, de su marido y padre Luke en el presente), la violencia como final (¿feliz?), el suicidio auto incendiándose -sequía extrema- de quien realmente aparece como asesino imprevisto, largamente agostado. 

¿Rural noir? Violencia sexual patriarcal, violencia gamberra, violencia interespecies (matar conejos, la gran coartada), ecoviolencia (cauces secos de los ríos, cosechas perdidas, animales salvajes devastados, falta el agua en territorios y casas…).

Hay investigación, indagación financiera, policial, emocional. Hay retrospección. Pero, sobre todo, hay desolación. 


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